Estrategia

África, oportunidad para Argentina

África, oportunidad para Argentina

Olvidemos las ideas y los preconceptos que tenemos de África. Aquellos preconceptos de un continente sin capacidades propias, sin liderazgos, destinado al subdesarrollo y a la subordinación de otros países. Al África que solo recibe asistencia y que no logra dirimir un solo asunto por sus propias capacidades. Al África guardada, escondida casi, en el sótano del mundo. 

El África del siglo XXI tiene enormes problemas estructurales, sí, pero parece decidida, por el impulso de sus juventudes, a protagonizar el siglo y a intentar revertir su histórico atraso fruto de un brutal extractivismo mezclado con élites locales corruptas y funcionales. 

En los últimos años conviven las dos Áfricas: la de los conflictos internos, de la lucha por el control de los recursos, de las crisis alimentarias y las denuncias de genocidio, como en Sudán o la República Democrática del Congo; junto al África de los jóvenes que están luchando por torcer el statu quo de sus países, algunos mediante boinas (como en el Sahel o Madagascar) y otros mediante las urnas (como en algunos países de África Occidental o del Sur africano). 

Las dificultades siguen presentes como el yihadismo, la presencia de grandes potencias al acecho,  las figuras dictatoriales que usan la democracia como una fachada para robar elecciones una y otra vez. Sin embargo, también existe una nacionalización de recursos naturales, una reescritura y revalorización de la historia y la cultura africana, así como un intento por desligarse de las instituciones políticas, sociales y financieras que sometieron al continente históricamente. 

Todo esto representa una oportunidad para lo que denominamos como el Sur Global. Es cierto, el concepto Sur Global es muy amplio, abarca países que no son parte del sur geográfico y países con un historial civilizatorio propio como China e India, que parecen estar lejos, muy lejos, de las realidades de sometimiento en las que estuvieron afectadas África y América Latina. 

Sin embargo, tanto India como China fueron humillados en el siglo XIX y Rusia, en su período post soviético, también. Todo esto ha hecho que esos países quieran confluir en espacios de integración con África y América Latina como, por ejemplo, los BRICS, dónde Sudáfrica y Brasil dicen presente desde hace más de una década y media. 

En este contexto, África se muestra abierta a cooperar con países del Sur Global, en especial con naciones y regiones que fueron sometidas por el colonialismo. Esto podría explicar las incorporaciones de Etiopía y Egipto a los BRICS, así como la sumatoria de Nigeria como Estado asociado.

Un buen ejemplo de esto es el caso de la cooperación entre Brasil y África. Una cooperación que no es de ahora, que se planificó en los ‘80 y se comenzó a aplicar a partir de la década de los ‘00, con un plan que incluyó desde apertura de embajadas, misiones comerciales, memorándums de entendimiento y una sostenida participación en foros políticos y/o empresariales del continente africano. Todo esto ha hecho que Brasil sea hoy la “voz referente” que África tiene de América del Sur. 

Entonces, ¿qué puede hacer Argentina ante esto?

Muchas cosas. Pero en primer lugar, es preciso reconocer al “otro”. Ese otro está enfrente nuestro, del otro lado del Atlántico. Ese otro comparte una historia de sometimiento, de dolor y de superación diaria frente al saqueo, el vaciamiento y el abandono. Fueron décadas de vivir en las sombras y hoy tienen mucho para contarnos. 

Es cierto, Argentina es un país con una larga tradición política de neutralidad, de tercera posición y lucha frente al colonialismo. Puede decir mucho al respecto, pero África también. El primer punto es evitar caer en una postura de “querer imponer” nuestras enseñanzas a África. Ellos no quieren eso. Están cansados de países que dan indicaciones sobre qué y cómo deben actuar mientras saqueaban sus recursos. En su lugar, están abiertos a aprender de otros países del Sur Global, pero que esos países aprendan de ellos también, de su historia, de su cultura y de sus luchas. Generar una retroalimentación desde el Sur

En este sentido es preciso buscar puntos en común con África y, a mí entender, hay dos ejes centrales sobre los cuales podemos trabajar: el geopolítico y el económico. 

En relación al eje geopolítico tenemos que partir de la idea de un “espacio común”. Argentina se reivindica, para los soberanistas, como un país bicontinental y con fuerte impronta oceánica. Entendemos al Atlántico Sur como nuestro hogar, dónde incluso mantenemos un reclamo firme frente a la ocupación británica y a nuestras causas soberanas sobre Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. 

Si partimos de esa base, tenemos que ver al Atlántico Sur como nuestro espacio compartido con otros países y eso excede al continente americano, permitiéndonos ver en “efecto espejo” con África. 

Un buen punto de encuentro es, siempre, frente a las potencias externas que ocupan territorios sobre un espacio de paz. En este sentido, el Atlántico Sur es un espacio donde la presencia británica se refleja frente a las cosas de América del Sur, en Malvinas, en Georgias y Sandwich del Sur; pero también en las islas Ascensión, Santa Helena y Tristán da Cunha, frente a África. 

Presencia militar británica sostenida en el Atlántico Sur.


Aunque pocos lo sepan tenemos un espacio en común con África, la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZOPACAS), que se compone por Argentina, Brasil, Uruguay y 21 países africanos con salida al Atlántico. En la última cumbre de la ZOPACAS, en Malabo durante el 2022, se realizó una fuerte declaración llamando a la desmilitarización del Atlántico Sur, a la salida de las potencias externas a América y África; y se condenó tanto la ocupación como la extracción de recursos que el Reino Unido realiza en torno a las Islas Malvinas. 

En sintonía con esto, es importante recordar que, desde 2013, la Unión Africana, es decir, los 54 países del continente, acompañan el reclamo argentino sobre las Islas Malvinas. Este detalle ha sido revalidado, una y otra vez, en las votaciones de la ONU sobre nuestra causa nacional. Y resulta importante el dato porque no son pocos los países africanos que forman parte, en simultáneo, de la Commonwealth británica pero que, sin embargo, a la hora de votar en Naciones Unidas se posicionan junto a nuestro reclamo. Son lecturas que nuestro país no solo debe hacer, sino que debe aprender a valorar, porque, a quién con honor y valía nos ayuda, debemos responderle con la misma reciprocidad. 

Países que forman parte de la ZOPACAS

Sobre el eje económico, es importante resaltar algunas cuestiones: se precisa de una estrategia integral que articule la apertura de embajadas. Argentina tiene solo 12 embajadas sobre 54 países, pero el sector atlántico no está cubierto como debería. 

La apertura de embajadas da puntapié a solidificar una relación comercial bilateral. Un buen ejemplo de ello fue el caso de Angola dónde, en la década del 2010, se realizó la apertura de la embajada y se logró una mayor presencia de productos argentinos (y empresas) al mercado angoleño, algo que benefició desde empresas productoras de maquinarias agrícolas, hasta empresas alimenticias como Arcor, que desembarcaron en un mercado que otros colosos globales, como la italiana Ferrero, miraban desde afuera. 

Presencia de embajadas argentinas en África y su área de cobertura.


En este punto, el nuevo escenario de África, de revalorización de recursos puede generar una complementariedad comercial. Por ejemplo, Níger, un país del Sahel, ha nacionalizado recientemente sus yacimientos de uranio. El país busca cooperar con Estados que estén interesados en proyectos de energía nuclear para uso civil. Imaginemos ahora el enorme potencial del sector nuclear argentino trabajando con países africanos que estén interesados en la cooperación energética. 

Esto puede realizarse en otros casos como el rubro alimenticio. África está experimentando una urbanización acelerada en muchos países costeros, lo que lleva a que crezca la demanda sostenida de alimentos. La incipiente “clase media” de algunos países africanos más avanzados es una oportunidad de consumo y mercados para nuestro país.

Sin ir muy lejos, es algo que el sector agroindustrial de Brasil ya está capitalizando pero que Argentina también podría aprovechar. Pero incluso fuera del agro, Brasil ha trasladado sus operaciones al área logística en países que están tratando de romper su histórico atraso, como Burkina Faso, vendiendo con sus empresas colectivos o aviones a dicho país. 

Todo eso sin dejar de lado la articulación en materia cultural. Los países africanos quieren que conozcamos su cultura (historia, dialectos, música, danzas, hábitos sociales, entre otros), pero también están dispuestos a conocer y tomar de nuestra cultura. Un buen ejemplo de eso es el fútbol dónde el “poder liviano” de la selección argentina llega a jovencitos de todo el continente que, décadas atrás, portaban remeras de Diego Armando Maradona y hoy de Lionel Messi. Pensemos en la retroalimentación cultural de nuestros productos y hábitos que podrían trabajarse desde agregados culturales en distintos países para potenciar la cooperación Sur-Sur.

En cualquier caso, el terreno es fértil sobre África. Argentina tiene mucho por hacer y todo para crecer allí. Sin embargo, es preciso romper con nuestros preconceptos sobre el África actual y, sobre todo, trabajar para asegurar una agenda que sostenga una mayor continuidad temporal sobre dicho continente para asegurar resultados en el tiempo.