
¿Qué te llevó a ser arquitecto?
Es una gran pregunta. Estudié arquitectura por un mandato tangible e intangible. Me fui enterando que en mi familia había una tradición de involucrarse en la construcción, que terminé de descubrir hace tres o cuatro años. Mi bisabuelo vino de Hungría escapando de la guerra en 1910. Llega con algunos saberes: el hormigón y la construcción. Se venía picando en Europa y lo mandaron para acá. Literalmente solo.
Después vi fotos de él y entendí que llevó la obra a mi abuelo, y que mi abuelo llevó la obra a mi viejo. Mi papá se dedicó a otra cosa: es metalúrgico, ingeniero electrónico. Un inventor loco. En todos nosotros está esto del kraft. Mover la materia, trabajar el objeto, la cosa producida, los procesos industriales o artesanales, el oficio. Y mi otra rama familiar o son todos industriales, obreros, o gente que se dedicó a la tierra.
Un agrónomo es como un arquitecto de la naturaleza…
Sí, nosotros plantamos cimientos…
…y los agrónomos, semillas.
Pese a que mi actividad es intelectual, porque el trabajo de arquitectura es muchas mas veces intelectual que práctico, siempre trato de ir a lo concreto. Por eso por momentos choco tanto con la disciplina. Pocas profesiones tienen trabajo proyectual. Nosotros trabajamos con muchas variables que no podemos controlar: la gente, los gremios, la economía. Tratamos de domar el caos.
La hoja en blanco es el caos absoluto. ¿Preferís que la hoja venga con una línea?
Claro. ¡Dame algo! Tenés que tener un tipo de personalidad particular para poder hacerle frente a eso. No te lo enseñan en la facultad y cuesta adquirirlo.
Solés hablar de una arquitectura práctica. ¿Cómo se dio el pasaje a ser el principal divulgador de arquitectura de habla hispana?
A mí me gusta explicar lo que hago, contar que me gusta y que la gente lo entienda.
Uso cualquier herramienta a mi disposición para que la gente entienda lo que quiero decir. Esa fue la primera gran división con la formación académica.
La arquitectura tiene un anclaje en la vida. Es importante porque es importante la vida, no porque solo es importante el edificio. A mí no me gusta la arquitectura que se piensa sola.
¿Chocaste con la casta arquitectónica?
¡Sí, obvio! Cuando empecé, algunos docentes me dijeron: "Che, vos no podés estar haciendo esto". Directamente me censuraron. Y así como me cuestionaron, otros me dijeron: "Che, hay algo de esto que está bueno y que es necesario". Me decían que estaba creando un puente en el lenguaje, acercando gente.
Me acuerdo de una charla que dí en el Colegio de Arquitectos de Mar del Plata. Hablé del ejercicio de la profesión sin caretas. Plantee que en los espacios académicos se captan estudiantes como fuerza laboral…
…los famosos fusibles: proyectistas de estudio.
¡Exacto! Estaban todos los jefes de cátedra, estaba toda la dirigencia del Colegio y atrás estaban los alumnos. Al otro día, cientos de DMs diciéndome: "No puedo creer que hayas dicho esto acá, gracias por representarnos, nadie dice esto de los estudiantes". No es que le corrí yo el velo: el velo existía y no se lo corría nadie. Caminé a través del velo y se corrió solo.
Pero no fue gratis que yo dijera ciertas cosas.
¿Pagaste el costo?
Sí, lo pagué. También, obviamente, tuve un beneficio: hay clientes que me llaman por esa visión.
Cuando uno se pregunta: ¿qué es lo que perdura de las sociedades que no existen más? Es la arquitectura. Frente a ese poder, ¿cuál es el rol del arquitecto hoy?
Es jodidisima la pregunta esa…porque la respuesta es dura.
Vamos a fondo…
Muchos se lo toman a lo personal esto, pero es lo peor que podés hacer. La arquitectura es la profesión liberal más individualista de todas. Es mucho más agresiva y corrosiva que otras. Y tendría que ser 100% al revés. La ciudad es un lugar en donde operamos todos, con otros.
Hoy la formación y producción de arquitectura está siendo irresponsable. Ni siquiera estoy hablando de cosas complejas o en cómo van a hablar de lo que hacemos en 100 años; es pensar como afectás pasado mañana el tejido en donde estamos viviendo hoy.
La cuestión urbana parece más bien una agenda pública para indignarse, pero no una posible de transformar.
Desde la producción de barrios cerrados, de edificios de lujo, de una periferia degradada a la que no miramos, la disciplina no está teniendo voz en cómo se está produciendo la ciudad. A partir de ahí me parece una locura que dejemos eso en manos de "bueno, vamos viendo". No, tiene que haber un camino.
Lo que vos no ocupás, lo ocupa otro. ¿Quién diseña, quién planifica y construye las ciudades que tenemos? Muchos de los que se desviven hablando del crecimiento insostenible del AMBA.
Totalmente. ¿Para qué están las facultades? ¿Para qué tenemos una universidad nacional, si no es para pensar temas nacionales, en términos del interés común? Tenés que volver a preguntar eso.
No para destruirla, sino para reorientarla. O para entender en dónde está el pulso vital de esa institución. Si la Universidad no va a decir nada sobre el desarrollo de la ciudad, sobre los barrios cerrados, sobre cómo nos tratamos entre nosotros profesionalmente, ¿Para qué está? ¿Es una escuelita?
Venís viajando seguido a Brasil ¿Qué estás viendo de su legado arquitectónico en contraste con el nuestro?
Volvés de Brasil y te das cuenta que nos faltan 80 millones de habitantes. Veo una potencia e inercia que va en dirección del destino que trazaron.
Vengo organizando viajes a Rio, Sao Paulo y Brasilia; ciudades que expresan expresan tres versiones del Brasil. Está el Brasil industrialista, el agrario, la civilización costera y la civilización amazónica.
¡Te falta Manaos!
¡Si! Ya iremos… Es claro que es difícil que a un tren le cruces algo y lo detengas. Brasil, a pesar de la diversidad, se entiende como un solo país.
Incluso Brasilia. La ciudad ya aparece en el proyecto de constitución del siglo XIX. Y habían determinado cuál era el lugar de su nueva capital. Empiezan una investigación y 50 años después dicen: "Volvemos, porque ya tenemos la investigación hecha". Es maravilloso.
Hay una continuidad. Una carreta que empezó a andar, se transformó en tren a vapor, después a gasoil y ahora es eléctrico. Pronto va a ser un tren bala.
Son una Nación. Y eso se expresa en la arquitectura. No es al revés. Primero está la nación y después la arquitectura.
Además de (Lucio) Costa, Burle Marx, Vilanova… han logrado que un nombre propio (Oscar Niemeyer) resuma todo ese impulso nacional, que es a la vez, modernizante...
Cuando en el siglo XX surge la arquitectura moderna hay una escuela muy temprana, “Los Cariocas”, que dicen: "Esto nos puede servir. Vamos a llamar a Le Corbusier". Y comen y engullen el lenguaje moderno europeo, pero vomitan lenguaje brasileño. A partir de ahí, los tipos entienden que cualquier cosa que venga de afuera, ellos van a tener algo para decir sobre eso.
La antropofagia cultural de la que hablan los antropólogos brasileños…
Es gracioso, muchos de los puntos de la arquitectura de Le Corbusier funcionan en Brasil y no en Europa: planta baja libre, creación de espacio público, el clima, la presencia del vidrio.
La Escuela Carioca se transforma en la Escuela Paulista. En la capital industrial del país hoy está pasando de todo. Y lograron a ese desarrollo imprimirle una mirada sobre la arquitectura. Otros sitios están mirando el estado de Sao Paulo. Así mismo en Brasilia está surgiendo una Escuela.
El caso de Lina Bo Bardi es interesantísimo. Una italiana que emigra a Brasil. Algo se le impregna de Brasil a ella. No llega a poner una mirada italiana sobre Brasil. Al contrario. En algún punto, la idea de Brasil prevalece a todo lo que venga de afuera.
¿Nosotros tuvimos alguna vez un concepto claro de arquitectura argentina? Creo que no, nunca lo tuvimos. Desde la pelea de Bustillo-Prebisch-Virasoro nunca hubo una mirada mancomunada de qué es Argentina.
A Buenos Aires también vino Corbusier, pero las derivación fueron otras. Es la grieta. Es Argentina. No está resuelto.
Es un cuento que nunca se acaba, es una historia de amor inconclusa, es un proyecto que nunca se termina de construir.
Las obras de Bustillo en Plaza de Mayo, Mar del Plata, Bariloche e Iguazú son imaginarios muy poderosos en torno al paisaje de la patria...pero ya tienen 100 años. ¿Cuándo creés que la arquitectura dejó de pensar en la nación Argentina?
En el momento en que los arquitectos se corren de la idea de que podemos tener una voz en la construcción de la Nación. Alejandro Bustillo, por ejemplo, fue un gran arquitecto nacional. Si vos ves el Llao Llao, el Banco Nación, el Hotel de Mar del Plata, no tiene una narración lineal. Bustillo supo reconocer la nación argentina en ese sentido. Se adapta a que Argentina es un país de regiones. Y un poco, la expresión de esas regiones es la expresión de la nación.
Nosotros dejamos de operar en ese nivel.
Una arquitectura que fue concebida, además, como obra de Estado.
Un Estado estratégico que miraba al futuro y quería transformar el territorio. Los brasileños tuvieron más constancia en eso. Entonces, todos los códigos, los desarrollos, el planeamiento urbano, hoy queda en manos de los lobbies.
Pensemos que los grandes arquitectos brasileños incluso trabajaron durante la dictadura. Con ideas que se podrían considerar de izquierda, “marxistas", como la construcción de vivienda social o de campus universitarios.
Un pacto se rompió con el bolsonarismo.
La foto de la invasión al Planalto es jodida para Brasil. ¿Crees que en Argentina está disociada la política de la cultura? En definitiva, la arquitectura es expresión material de una cultura.
¡Tal cual! Nos debatimos entre la mirada externa y la interna, la local y global. No terminamos de hacernos cargo de lo que somos. Ni qué queremos ser.
En literatura, el debate entre Grupo Florida y el Grupo Boedo. Arlt, Borges. Nacionalismo o universalismo.
¿Existe una arquitectura argentina como síntesis de esto? Claramente no existe una arquitectura argentina, pero porque existen varias. Es un país tan diverso… Y quizás esa es la arquitectura argentina. Ser lo suficientemente heterogéneos para dar cualquier respuesta. Lo mestizo.
El nombre de tu estudio…
Con mi socio en ese momento le pusimos Mestiza. Un poco porque veíamos que nuestra voluntad y vocación era responder a cada uno de los clientes que llegaban con sus particularidades. Y los que tenían que adaptarse éramos nosotros.
¿Qué estudios estás viendo qué decís, “che, es por acá”, que te inspiran?
En mi formación miraba a los estudios que se habían armado una generación antes y empezaban a producir en la Argentina de los 2000’s: Monobloc, sobre todo, por el grado de intervención y por una obsesión con el agua en Buenos Aires que comparto. Somos ciudad rioplatense, pantano y río. Me pregunto qué hubiese pasado si el Estado se hubiera parado detrás de esa mirada.
Hoy encuentro representación en estudios chicos, de otra escala: Juntas Arquitectas, DOPS. Desde 1950 hay cada vez más mujeres formándose en arquitectura, y recién ahora vemos el efecto de esa mirada, no feminizada, sino de la mujer como usuaria y productora material.
Hay una tradición de arquitectas argentinas importante, Lula Lapaco de Bidinost…
…Flora Manteola. Hay algo generacional también: se abandona la firma y el arquitecto estrella para operar en una capa más colectiva, con colaboradores, en comunidad. Aunque no siempre me llevo bien con el costado "para la foto Plot" de mostrar arquitectura: nuestro Instagram del estudio no tiene ni una imagen publicada.
¿Encontrás en la arquitectura también un espacio de trascendencia, un espacio donde podés manifestar algunas inquietudes más desde el plano de la trascendencia?
Si no tuviera eso, no sería arquitecto.
A mí lo que me ordenó en este caos fue la palabra de Dios. ¿Cómo reaccionás ante una estafa? ¿Ante alguien que no valora lo que vos hacés? Hay situaciones mundanas muy chiquitas que pueden transformar tu mirada sobre todo eso que estás haciendo como misión, si no tenés un eje.
El verbo hecho carne… bueno, ahora tenemos que hacer de la carne, verbo. Es decir, hagamos algo con esto.
Me convertí al catolicismo hace ocho meses. La Navidad pasada comulgué. Me confesé y comulgué. Y dije: "Bueno, vamos a estar en gracia. Con el sacramento en orden, vamos por ahí".
Aprendí que el Evangelio es más importante que la Iglesia. La Iglesia está formada por hombres que son pecadores. Está formada por gente que tiene problemas, dificultades, obstáculos. Igual que yo.
Dios es Dios, los hombres son hombres.
Aprendí a separar esas dos cosas.
¿Cómo empezó tu camino de fe?
Me enamoré y mi señora es católica, católica level 80. Las tres hermanas se llaman María, imaginate de dónde viene. Entonces yo me enamoré y, muchísimo tiempo después ya con hijos, me empecé a acercar a Dios de nuevo.
Le digo: "Che, boluda, vos me mantuviste cerca de Dios todo este tiempo".
Aproximación indirecta…
Claro. Ella me dice: "Ale, vos sos la persona más cristiana que conozco sin ser católico". Yo era medio reo en la secundaria, un adolescente rebelde. Muchos le decían que no se case conmigo, porque no era católico, porque no era practicante. Después entendí también el sacrificio que ella había hecho por mí.
Que también fue su camino de fe, ese sacrificio.
Un camino de fe. Es verdad, no lo había pensado.
Atravesar el desierto.
Lo más importante que tengo hoy es mi familia. Y entiendo que también ahí hubo algo sagrado. Porque un pibe, un hijo, es algo sagrado. No hay forma de que eso no sea un milagro.
Todavía lo sigo explorando todo esto que me pasa. No tengo claridad meridiana, es una cuestión de explorar el misterio infinitamente. Estoy caminando mi infancia espiritual.
¿Cuál es el plan de Dios para mí? ¿A qué me estoy disponiendo como instrumento? ¿Y para hacer qué? Esas dudas se te empiezan a ir de a poco. Aprendés a confiar. Matás el ego.
La paz que yo sentí después del acercamiento vino de tres años de guerra interna. Ellos le dicen spiritual warfare, la guerra espiritual. En algún punto yo tuve que negarme a mí mismo.
Es duro. Me siento como embarrado.
Aparte uno se siente en falta todo el tiempo, de alguna manera.
A la vez que te da paz, sentis que falta. Cuando pasó todo esto, se acercó una orden de hermanas a mi estudio, querían hacer una reforma en un convento. Y en un momento alguien del equipo dice: "Bueno, pero posiblemente esto en la obra no se vea". Y la hermana dice: "Mirá que Dios lo ve todo".
Nos cagamos de risa. Vos tenes que hacer las cosas bien porque alguien te ve…Hay algo sobre esa mirada que, si vos no le ponés amor, parece una psicopatía.
El panóptico de los católicos.
Claro, si vos le ponés el concepto de panóptico a eso te volvés loco… Pero yo a mi hijo lo estoy mirando todo el tiempo cuando está en la plaza. No lo miro vigilándolo, lo miro para que no le pase nada, para cuidarlo.
Entonces, cuando vos entendés que ese vínculo es desde el amor, que es también lo que vino Jesús a revertir… Yo creo que ahí me fue cambiando la mirada sobre lo que significaba Dios como lugar, para habitarlo como un espacio.
¿Hubo algo concreto que te marcó para acercarte de esa forma a la fe?
Una Peregrinación Juvenil a Luján. Un amigo del secundario. Me encuentro en Liniers y estaban saliendo los chicos que misionaban con un carrito. Y me dice: "Che, ¿querés venir a Luján?".
Yo estaba en zapatillas Topper, con el equipo de gimnasia del colegio, una campera y una mochila con boludeces. No me había preparado nada. Y le digo: "Sí, ¿qué puede pasar?".
Bueno, estuve caminando como 16 horas. Fisuradísimo, pero llegué. Y todo ese camino fue como una película, en donde a veces estuve con ellos, a veces me perdí, a veces caminé solo, por momentos fui acompañado por gente que no conocía. Cantando, llorando, con dolor y con alegría.
Esa peregrinación fue la semilla, hablando en términos de agronomía. Algo empezó a crecer. Pasa que si alguien no te guía, si alguien no te pone un palo tutor, la planta crece media torcida. Bueno, a mí me pasó eso.
Maravilloso esto…
Unos años después conocí a mi señora, y no me olvido más cuando hace poco me dijo: "Bueno, al final te dejaste de hacer el boludo, ¿no? Te está llamando la Virgen hace un montón de tiempo".
Como cuando a San Pablo le corren el velo, le sacan la arenisca de los ojos. Empezás a ver las cosas con otra claridad. Cuando hablás de pobreza, no hablás solo de pobreza material, también hablás de pobreza de Dios. Entonces, ves pobreza en lugares de abundancia y ves abundancia en lugares de extrema pobreza.
Te subvierte la mirada al mundo. Te expulsa de un montón de lugares. Y te atrae a lugares que vos decís: "¿Por qué estás en Merlo haciendo un proyecto de arquitectura?". Ese es el orden, un proceso muy caótico, pero donde hay orden.
Las misteriosas formas de la fe. ¿Tenés expectativas con la venida del Papa? ¿Qué te genera eso?
En mi costado más anti-institucional, no me genera nada.
En otro, es la representación de Pedro, aquel en el que Jesús confió para llevar adelante la Iglesia. La Iglesia es el cuerpo material para sostener nuestra fe. Entonces eso pasa a ser algo importantísimo.
En la Argentina hay algo sagrado. No sé bien qué es. Todo lo que pisa esta tierra, entra en combate. No es fácil para el mal operar acá. Siempre se le pone un palo en la rueda. Yo creo que la venida del Papa es importante en ese sentido.
Y creo que sería un error enorme llevarlo a una política terrenal. Porque hay otro orden y otro plano más grande, que es el que se está desordenando en la Argentina.
El pueblo argentino necesita alguien que le diga que va a estar todo bien. Hace mucho tiempo lo necesita. Hasta ahora, el futuro estuvo secuestrado.
Me gusta esto de la palabra de paz, es importante.
Es necesario que se derrame esa palabra, no sé si de autoridad, pero de orden. De centro, de tranquilidad, de paternidad.
“Va a estar todo bien”. Si no tenés a nadie que te lo diga, ¿cómo hacés para creerlo? Por eso digo, hoy estamos en tiempo de hacer de la carne verbo.
Invertir el orden del mandato.
Vayamos a hacer algo con esto, que alguien diga que vamos a estar bien y que nos dejemos de hinchar las bolas de una vez por todas. Ese es mi deseo.
La última: ¿quién es Ale Csome?
Si lo tengo que poner en algún orden: un argentino católico que es esposo, padre, hijo, hermano y amigo. Y después de todo eso, arquitecto.








