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Por una ciencia nacional : respuesta a "Malvinas y la disidencia"

Por una ciencia nacional : respuesta a "Malvinas y la disidencia"
“En una nación, nunca un cuerpo profesional es por sí solo totalmente responsable de sus propios actos”.                                                                           – Marc Bloch, La Extraña Derrota1

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Introducción

Las siguientes líneas pretenden ser, como su título indica, una respuesta a la carta ‘Malvinas y la Disidencia’2, firmada por 90 miembros interdisciplinarios de la academia argentina para la opinión pública. Al momento de la redacción de este artículo, hemos leído ocho veces todos los párrafos postulados por estos coterráneos. Debemos confesar que engañaríamos al lector si esbozáramos que el motivo de tanta relectura fue afinar la preparación de esta respuesta. Desnudando esa potencial mentira, queremos confesar que uno de los verdaderos motivos de la alta recurrencia a la carta fue no querer aceptar que tamaños politólogos, sociólogos, juristas e -principalmente- inminentes colegas historiadores, puedan quebrar aquellas enseñanzas que profesan en sus cátedras de una manera tan directa. Otro de los motivos, y quizás el más impactante, fue no poder comprender cómo estos integrantes de la academia han podido desprenderse de tal manera de la idea de patria que les otorgó la posibilidad de desarrollarse como profesionales.

Si bien lo esgrimido parece tener un tinte de romanticismo, advertimos que en el presente escrito no se pretende emitir un descargo “en caliente”. Si bien queda expuesto que el plano sentimental está presente en estos párrafos -como, entendemos, habita en todo lo producido por un ser humano-, no será esto un mero artículo de opinión. El horizonte de esta nota es propositivo: Pretendemos desarmar las principales ideas de la tesis de ‘Malvinas y la Disidencia’, con el fin de postular que esta evidencia la necesidad urgente de comenzar un proceso de construcción de una ciencia nacional.

El antecedente: “Malvinas, una mirada alternativa” (2012)

Como primer paso, cabe fundamentar que el substrack publicado no representa un movimiento aislado o una expresión coyuntural de mera reacción al proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que se discute actualmente en el Congreso de la Nación. De hecho, a pesar de pretender ser una respuesta a dicho hito, la carta solo menciona en dos pequeñas oraciones al proyecto de Ley. Pues, su publicación responde de fondo a un posicionamiento que muchos de los intelectuales firmantes pregonan en artículos, solicitadas, entrevistas y tweets hace décadas. Corresponde, efectivamente, a una posición política sostenida en un tiempo largo.

En esta línea es que cabe poner sobre la mesa la carta ‘Malvinas, una visión alternativa’3, del año 2012, firmada por figuras que también encontramos en la proclama de Octubre del 2026. Entre ellos, Hilda Sábato, Vicente Palermo, Luis Alberto Romero, Santiago Kovadloff, Daniel Sabsay, Alejandro Katz, Marcos Novaro y Roberto Gargarella. Allí, los intelectuales proclamaron que se le estaba otorgando a la Causa Malvinas una importancia mucho mayor de la que debería dársele, alegando que el país estaba atravesando problemas económicos, políticos y sociales más importantes4.

En otro párrafo de esta solicitada del 2012, los firmantes afirman que “es necesario poner fin hoy a la contradictoria exigencia del gobierno argentino de abrir una negociación bilateral que incluya el tema de la soberanía al mismo tiempo que se anuncia que la soberanía argentina es innegociable”. A su vez, más abajo, le otorgan agencia a la sociedad implantada en las Islas Malvinas y afirman que deben tener poder de decisión en las discusiones bilaterales. Así, tras apoyar reiteradamente el principio de autodeterminación de los pueblos5, proponen: “Necesitamos abandonar la agitación de la causa-Malvinas”.

Estas líneas esbozadas en la carta del 2012 son el perfume roseado por el substrack publicado recientemente. Si bien tienen contextos y matices que varían, ambas tienen una línea de fundamentación que coincide y se replica, tanto en ambas producciones como en otras notas de opinión, artículos, entrevistas e incluso tweets de muchos de los firmantes.

El pedestal academicista

El principal eje de esa fundamentación compartida, que entendemos corresponde a un mero posicionamiento político, es la creencia de que el academicismo es un pedestal desde el cual el intelectual puede pararse para invalidar el resto de las opiniones, las cuales califica de “patrioteras”, paradójicamente. Este recurso fue textualmente utilizado por los sujetos mencionados en una de las conclusiones de la carta del 20126 y también forma parte del manto teórico que cubre la de 2026.

Marc Bloch, en el escrito que engloba al epígrafe de esta nota, advirtió ya -en el trágico y particular contexto en el que escribe L'étrange Défaite- sobre el riesgo de producir aislados en despachos. Ese peligro es el que se esconde detrás del manto academicista. Pues, pese a que muchos de los firmantes han marcado tendencia en el siglo pasado receptando en Argentina la historiografía de la Escuela de Annales, parece que las recomendaciones de Bloch no les resultan trasladables a otras naciones con potencial de conflicto7.

¿Estamos llamando aquí a practicar una ciencia sesgada? De ninguna manera (Sino, se estaría cayendo en una pobre interpretación y traslado del trabajo de Bloch). A lo que le llamamos la atención es a una práctica científica que opera en una torre de marfil. Que produce separada de los contextos y, principalmente, sin entender la sensibilidad de algunos de ellos. El lector podrá ver esta facultad en la diferencia que postula ‘Malvinas y la Disidencia’ entre “un diferendo internacional” y “una causa nacional”.

El “diferendo”

El escrito firmado por estos 90 intelectuales se jacta de establecer una diferencia tajante entre una disposición que atiende a las lógicas del Derecho Internacional y una causa nacional, a la cual le atribuye las peores caracterizaciones. “Los firmantes de esta declaración aceptamos la existencia de este diferendo internacional, y lo consideramos como tal, con sus dimensiones básicamente diplomáticas y jurídicas”, indican, sobre el primer aspecto. Así, disfrazados en una lógica descriptiva de un proceso geopolítico, esconden una simplificación del reclamo de soberanía argentino. Lo alejan del llano. Lo vuelven, incluso, opcional.

En línea con esto último, agregan sobre el diferendo: “No precisamos tener entre nosotros coincidencia total sobre cada una de sus dimensiones. Algunos creemos que los actuales habitantes de las islas están bien protegidos por el compromiso constitucional de respetar su modo de vida y otros consideramos que los isleños deberían ser parte activa en eventuales negociaciones”. Además de volver a poner sobre la mesa el principio de autodeterminación de los pueblos que defendieron en la carta de 2012, aquí reducen, insistimos, un reclamo de soberanía expreso en nuestra Constitución Nacional a un simple hito del derecho en el cual se puede coincidir y discrepar. Pues, a diferencia de 2012, recordamos que la excusa de esta carta es la pluralidad.

Es a través de este concepto -la pluralidad- que se encargan de construir una dicotomía entre el mencionado diferendo y “la causa nacional” que engloba el reclamo por Malvinas: “Alertamos que la cuestión Malvinas hace mucho que ha dejado de ser básicamente un diferendo para pasar a convertirse en una pretendida causa nacional, algo completamente distinto”. Si bien es este punto quizás el único rastro de realidad que tiene la carta (ya que, efectivamente, Malvinas no es solo un diferendo), la descripción posterior de lo que para ellos es una causa nacional es el problema.

La causa nacional y la pluralidad académica

Según los firmantes, la causa Malvinas “abusa de nosotros desde el estado y desde la sociedad, cada vez que sus promotores pretenden hablar en nombre de todos los argentinos”. Así, esgrimen que “la causa nacional es, en suma, un abuso de autoridad estatal, política, social, cultural”. Así, en su lógica, transformar un simple diferendo en una causa nacional lo ensucia y lo vuelve objeto de posibles manipulaciones políticas.

El problema sigue siendo la torre de marfil. 90 personas en un substrack que 72 horas después de su publicación tiene tan solo 6 likes, creen que su -gran- recorrido académico los ampara para afirmar que la causa Malvinas es “una unanimidad puramente imaginaria”. ¿No será que lo imaginario es la pretensión de que estos procesos siempre se construyen de arriba hacia abajo? Ampararse en el antecedente de la Guerra de 1982 y en el proyecto de Ley que promueve el Gobierno, para afirmar que la causa Malvinas es parte de un mero imaginario colectivo, no tiene razón de ser. Esa concepción niega al Gaucho Rivero, al Operativo Cóndor, al día en que Puerto Madryn se quedó sin pan y a la masificación de un trapo pintado en un partido del Mundial FIFA 2026. Niega la dirección desde la que se gestó una gran cantidad de hitos de nuestra historia.

Acusar a un reclamo soberano masificado de atentar contra la pluralidad académica es desconocer el país en el que uno se formó como intelectual, su potencial de conflicto y las consecuencias de una carta como la publicada. Pluralidad no es, en efecto, pretender que el marco académico puede extraer a un ciudadano de su contexto territorial. Por esto, cabe resaltar la gravedad de que, en nombre de un falso pluralismo, se esconda una peligrosa posición contra los intereses históricos de nuestra Nación.

La necesidad urgente de construir una ciencia nacional

En la conclusión de la carta, los 90 intelectuales postulan: “Nuestro país necesita expresar su pluralidad social y política a través de un pluralismo político y cultural realmente vivido. En Malvinas, es todo lo que pedimos: que el unanimismo deje de hablar en nuestro nombre”. La conclusión de esta respuesta será contraria: Nuestro país necesita -urgentemente- que cierta generación deje de exponer sus posiciones políticas sectarias en nombre de la academia. Nuestro país necesita construir una ciencia nacional.

El paso a ello, por trillado que suene, debe ser entender que el trayecto que uno hizo para llegar al destaque académico tiene que ser siempre tenido en cuenta a la hora de producir. Muchos de los firmantes, por no decir todos, son egresados de la universidad pública. La misma es uno de los orgullos de nuestra Nación y es, a su vez, una de las más grandes apuestas que esta hizo durante décadas con el trabajo de todos sus ciudadanos. ¿No sería oportuno que los egresados de esas universidades, reconociendo que estudiar es un derecho, puedan entenderse como parte inseparable de la Nación?

Esto no significa, haciendo futurismo y atendiendo a las posibles críticas, que la academia debe encerrarse en practicar un “patrioterismo” chovinista. Esto significa dedicar ciertos minutos de la práctica científica a, cuando se desea emitir este tipo de cartas opinando de coyuntura, hacer el esfuerzo de comprender el contexto nacional en el que uno está inserto y no mirar dicho contexto desde la ventana de la torre de marfil. Así, se podrá evitar recurrir a la falacia de afirmar que una causa nacional como Malvinas es “una unanimidad imaginaria”.

Así, la cuestión que gira en torno a la carta no pasa por limitar una supuesta pluralidad. Pasa, como recuperamos en el epígrafe, por tener siempre presente un sentido de responsabilidad. Pues, aún politólogo, sociólogo, jurista o historiador, uno es ante todo ciudadano. Y, como tal, debe operar en el marco de esta construcción que llamamos sociedad. Sociedad que, en su escala argentina, ha construido un consenso en torno a la causa Malvinas que, en lugar de juzgar desde un pedestal académico, la ciencia nacional debe preocuparse por entender en su magnitud real.



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  1. Marc Bloch, La extraña derrota, trad. Santiago Jordán Sempere (Barcelona: Crítica, 2003), 129.
  2. https://malvinasyladisidencia.substack.com/p/malvinas-y-la-disidencia (Se recomienda leer el substrack antes de emprender la lectura de esta respuesta).
  3. https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-188182-2012-02-23.html
  4. Cabe destacar que en la solicitada actual el foco no está puesto en los problemas políticos, económicos y sociales; sino en el “atropello del Estado a través de la causa Malvinas”. Entonces, es pertinente preguntar si en el detallado análisis que la capacidad de estos intelectuales les permite realizar, en el año 2012 el país atravesaba una situación garrafalmente peor a la actual.
  5. Utilizan aquí una postura que santifica ese principio, como una verdad universal del Derecho Internacional. Esto es algo que, siendo muchos de ellos especialistas en espacios con pasado colonial, sorprende que puedan afirman.
  6. “Malvinas exige, sobre todo, que no se incurra nuevamente en el patrioterismo que los llevó a la muerte ni se la use como elemento de sacralización de posiciones que en todo sistema democrático son opinables” (Malvinas, una visión alternativa; 2012).
  7. Cabe resaltar nuevamente, dado lo delicado de este diálogo, que referimos a situaciones históricas no comparables. Por otro lado, también se comprende la dirección total a la que fue dirigido el escrito de Bloch.    

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