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Una política (de trabajo) para el siglo xxi

Una política (de trabajo) para el siglo xxi

Nadie duda de que la cuarta revolución industrial ya está entre nosotros. Desde la invención de la máquina a vapor en el año 1769 a la masificación de internet rondando los años 2000 han pasado dos siglos. El mundo del trabajo cambió radicalmente, vivió revoluciones, se perdieron trabajadores luchando y también se ganaron derechos conquistados. En clave argentina, esa larga marcha por la dignidad podemos escribirla desde el Grito de Alcorta, a la Patagonia Rebelde, a la Secretaría de Trabajo y Previsión, el Estatuto del Peón Rural y la Ley de Contrato de Trabajo de 1974.  

Sin embargo, a partir del año 2022 con la aparición de los Grandes Modelos de Lenguaje los tiempos se aceleraron, y genera temor no solo por la hipotética pérdida de puestos de trabajo, sino también por la rapidez con la que avanzan los cambios tecnológicos.

Ya se ha escrito largo y tendido sobre las consecuencias del uso de inteligencia artificial en los mercados de trabajo para la salud física y mental, la privacidad, perjuicios a la autonomía individual e inclusive a la capacidad creativa, de los trabajadores; hoy día la Seguridad de la IA enfoca sus esfuerzos en determinar el impacto que tendrá en el futuro del trabajo.

Panorama global de la introducción de IA en los mercados de trabajo

Actualmente, científicos alertan sobre tres posibles consecuencias difíciles de evadir.

En una suerte de futuro distópico, la tecnología avanza a pasos siderales mientras las habilidades humanas retroceden. Las empresas y los hombres encuentran menos motivos para seguir invirtiendo en el desarrollo de mano de obra humana, en su lugar, prefieren destinar sus recursos a desarrollar e implementar inteligencia artificial., creando un círculo vicioso que llamamos desinversión anticipada (Kulveit J., Douglas R., et al, 2025). Como si la película animada WALL E cobrara vida y de repente nos encontremos navegando en Axioma y delegando a la tecnología funciones tan elementales como aprender a caminar, a cultivar, a navegar e incluso a liderar resignándonos a la idea de que ella lo hará mejor.

Por otra parte, según Hazra, Majumder et al. (2025), las consecuencias económicas del uso de la IA en el mercado laboral no solo se reflejan en la transformación de las trayectorias profesionales, sino también en una mayor brecha salarial y en la pérdida de previsibilidad sobre los ingresos futuros.

Esta falta de certezas altera la psicología del consumo. Sin un horizonte claro a largo plazo, las decisiones económicas se vuelven inmediatas y se vive y planifica con los ingresos del presente.

Como respuesta natural a la incertidumbre, el ahorro preventivo gana terreno. Ahorrar se convierte en un mecanismo de defensa, un resguardo necesario para quienes sienten que podrían verse expuestos a la automatización.

En un país marcado por la lucha obrera, la idea de Acemoglu D, (2023) sobre los Efectos de la automatización laboral en la democracia nos toca de cerca, se hace difícil imaginar una Argentina sin un sindicalismo fuerte y pujante, figuras como Rucci o Ubaldini viven ya en el imaginario colectivo, junto a otros miles de compañeros que destinaron su vida a pensar un futuro mejor para el trabajador argentino.

Actualmente, la automatización es un factor que redefine la dinámica de poder entre el capital y el trabajo. Tradicionalmente, la capacidad de los trabajadores para retirar su cooperación (a través de huelgas o protestas) ha sido una fuente clave de su poder político

Sin embargo, la creciente automatización de tareas laborales debilita progresivamente este pilar. A medida que las máquinas y los algoritmos asumen funciones que antes eran exclusivas de los humanos, los trabajadores se vuelven menos indispensables en los centros de trabajo. Esta disminución de su valor productivo reduce el impacto de su no cooperación, ya que el capital puede recurrir cada vez más a soluciones tecnológicas para mantener la producción.

En este contexto, la automatización actúa como un mecanismo que reduce el poder político de la clase trabajadora. Si las tareas se vuelven completamente automatizables, la capacidad de los trabajadores para ejercer presión colectiva se anula, ya que su retirada de la producción no generaría costos significativos para el capital.

En conclusión, la automatización reconfigura el mercado laboral y amenaza con anular la principal fuente de poder político de los trabajadores: su rol irremplazable en la producción económica.

Argentina y su posición frente a la IA

Cambalache siglo XX reza el nombre de uno de los tangos más conocidos de nuestra Nación, casi como una réplica exacta de la Argentina del siglo XXI, donde la confusión y el desorden están a la orden del día, ¿cuál es el rumbo del país que supo ser pionero en derechos laborales?

Con el menor gasto en IA de América Latina, que representa tan solo el 0,02% del PIB y un gasto por habitante de solo 3,21 dólares, nuestro país demuestra un significativo atraso en la adaptación al cambio tecnológico.

Hoy solo podemos relacionar la tecnología a las plataformas digitales de transporte de personas y de transporte de pedidos, que se encuentran más asociadas a la crisis económica y al desempleo, empresas que nuclean a desempleados o a quienes necesitan ingresos extras para sobrevivir y que ya abarcan cerca del millón de trabajadores argentinos.

Además, como si fuera poco, nos damos el lujo de excluirlos de la protección de la legislación laboral argentina, como si una ley que fue concebida en poco tiempo, tuviese también la capacidad de borrar la esencia misma del trabajador.

En este sentido, también hay quienes sostienen que el trabajo dejó de ser el gran ordenador social de la vida de las personas, una juventud que no quiere ser presa de un horario, de un jefe ni de una rutina, que buscan desesperadamente ser dueños de su propia vida. Datos que son fácilmente contrastables con la realidad que es más cercana al pluriempleo, a la precarización laboral, a la falta de incentivos para estudiar y a la nula capacidad de poder, siquiera, imaginar un futuro mejor.

Ahora imaginemos que a los problemas actuales (y persistentes a lo largo de los años) del mercado laboral argentino se le sume también el desincentivo a invertir en mano de obra humana para destinar mayores recursos a la IA, que los ingresos se vuelvan menos previsibles en el futuro, que el miedo a ser desplazados por robots o por softwares anule nuestra capacidad de reclamar por mejoras laborales.

Aunque pensándolo bien… ¿es acaso posible esto en Argentina? El debate sobre la capacidad técnica de las PyMEs argentinas para llevar adelante un proceso de adopción de tecnología capaz de reemplazar al trabajador hoy se avizora un poco lejano.

No obstante, la realidad nos indica que la adopción de I+D en las empresas argentinas es muy baja y si eso lo llevamos al mundo de la inteligencia artificial, podemos ver que se utiliza mayormente en marketing y en actividades administrativas. Pero el dato que podemos tomar es que se utiliza, la idea de adopción está presente. Se puede construir a partir de acá.

El desafío que tiene Argentina por delante es doblemente difícil, no basta con mejorar la calidad de vida de los trabajadores que están siendo fuertemente golpeados por el actual devenir político. También es necesario algo que como argentinos no logramos sostener (a excepción de algunos temas) hace ya un par de décadas y que solíamos llamar una política de estado.  

Para salir adelante, es fundamental que se adopte una política de trabajo como política de Estado, donde como país podamos definir cuáles son los sectores industriales que queremos potenciar y por consiguiente cuáles son los trabajadores que necesitaremos para llevarla adelante y a su vez, preparar a las nuevas generaciones para adaptarse al nuevo mundo del trabajo.

En éste sentido podemos remitirnos a los avances de los países vecinos en materia de desarrollo y uso seguro de la IA, en relación a los mercados de trabajo.

En Uruguay, la AGESIC implementó la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial del Uruguay 2024-2030. En su eje de Capacidades de la IA desarrolla la Gestión del Talento, donde incorpora como puntos importantes: la formación en IA dentro de la educación formal y no formal y en todos los niveles educativos, incluyendo la educación inicial; a su vez busca fortalecer las capacidades universitarias para generar y retener talentos en IA, incluyendo la investigación, innovación y desarrollo; e implementar en las capacitaciones laborales contenidos sobre el impacto de las tecnologías en el trabajo, con especial énfasis en la inteligencia artificial, todo esto a fin de fortalecer procesos de reconversión laboral y contribuir a la actualización de personas dentro del ámbito laboral.

Por otro lado, Brasil, lleva adelante el Plan “IA para el bien de todos” 2024-2028. En su Objetivo N° 2 establece la Difusión, Formación y Capacitación en IA, donde prevee entre otras cosas, la formación docente para la alfabetización y el uso pedagógico en IA de alumnos en edad escolar; becas para iniciación científica, maestrías y doctorados en IA para formar, atraer y retener el talento local y por último, la realización de cursos para aumentar los profesionales calificados en estas áreas.

Finalmente, Chile lleva adelante su “Política Nacional de Inteligencia Artificial” a través del CENIA desde el 2021. En su Eje N° 1 aborda los “Factores habilitantes” y focaliza en el desarrollo de talento, promoviendo la formación de habilidades para el uso y la comprensión desde el sistema escolar; impulsa la IA como una disciplina transversal en la formación profesional y técnico-profesional; asimismo busca potenciar programas e instrumentos de capacitación para actualizar y reconvertir a las y los trabajadores del país, entre otros.

En éste sentido, podemos advertir como los países de LATAM están preparando a su población para el uso, desarrollo y reconversión de habilidades dentro de los mercados de trabajo e incentivando a la inversión en IA del sector privado.

Por el contrario, Argentina concibe como única política posible la desregulación y los incentivos fiscales del súper rigi para traer a los grandes centros de datos. Actualmente no se piensa una política de trabajo, ni tampoco se avizora la idea de preparar a nuestras generaciones futuras para una rápida inserción al mercado de trabajo, menos aún se incentiva el incremento de la productividad a partir del uso de inteligencia artificial.

Todos los cambios tecnológicos deben ser acompañados por un Estado que cuide su tejido social. Es prioritario preparar a los argentinos para el nuevo mundo de trabajo que nos convoca y eso es concomitante con mejorarle su calidad de vida y como si fuera poco, de garantizarles un empleo digno.

El trabajo genera identidad, comunidad y sentido de pertenencia, Argentina debe redoblar sus esfuerzos en pos de marcar el rumbo del mercado laboral del siglo XXI.

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