
La Provincia Grande de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur es la única bicontinental de la Argentina. Existe un mito, que afirma que su diseño fue forjado a puertas cerradas desde un escritorio en Buenos Aires. En realidad, en la segunda mitad del siglo veinte, cuando comenzaron a provincializarse los territorios nacionales de la Patagonia, era cuestión de tiempo para que le llegara el turno a Tierra del Fuego. Desde 1955 el pueblo fueguino comenzó a impulsar su constitución como Provincia, y desde 1973 como Provincia Bicontinental. Tras la Guerra de Malvinas de 1982 y su impacto en el posterior debate con el retorno de la democracia, se pretendió condenar a Tierra del Fuego a ser siempre un territorio dependiente del Poder Central, y en caso de provincializarse, ser reducida espacialmente a Río Grande, Tolhuin y Ushuaia.
Sin embargo, la persistencia de concretar el proyecto de una Patria y Provincia Bicontinental, condujeron a la gesta del pueblo fueguino en la que se consolidó la integridad territorial de la Provincia incluyendo a Malvinas y la Antártida el 26 de abril de 1990. Por ello, nos atrevemos a afirmar que el pueblo fueguino conquistó Buenos Aires en 1990, tal como lo hicieron los caudillos federales del litoral exigiendo su debido reconocimiento en 1820.
Esta visión territorial, lejos de ser una construcción actual, tiene sus orígenes desde el nacimiento mismo de la Argentina. Recientemente se conmemoró un nuevo aniversario del 10 de junio, fecha establecida como el “Día de la Afirmación de los derechos Argentinos sobre las Islas Malvinas, Islas del Atlántico Sur y Sector Antártico”, inspirado en la creación de la Comandancia Político y Militar de las Islas Malvinas y Adyacencias en el año 1829.
Este se constituyó como un hito de gran relevancia en tanto convirtió al archipiélago de las Islas Malvinas en el espacio geopolíticamente estratégico para la integración de los territorios y pueblos de la Patagonia Austral, con un claro posicionamiento sobre el ejercicio de la soberanía nacional en las tierras que conformaban el Virreinato del Río de la Plata. Y así como hoy afirmamos que las Malvinas son argentinas y fueguinas, durante este período Tierra del Fuego era un archipiélago argentino y malvinense, entendido como una dependencia de la Comandancia liderada por Luis Vernet.
En ese sentido, entre los objetivos que buscaba la Comandancia se encontraba el cumplimiento efectivo de las leyes de caza y pesca, y por ende, la preservación de los recursos naturales. Sin embargo, potencias como Gran Bretaña y Francia, buscaron aprovechar los procesos independentistas para usurpar territorios americanos que en el pasado dependían de España.
¿Por qué las Malvinas son argentinas?
Existen muchos autores, especialmente británicos, que afirman que la soberanía argentina de Malvinas fue un invento espontáneo en 1982. Por eso nunca está demás recordar que las Malvinas son argentinas, por continuidad territorial del antiguo Virreinato del Río de la Plata, a través de la aplicación del principio jurídico internacional uti possidetis iuris (poseerás lo que has poseído). Este principio se consolida por las Guerras de Independencia de los territorios que dependían de España y Portugal y como un criterio para demarcar las fronteras de las nuevas Naciones americanas.
De esta forma, Malvinas forma parte de nuestra Patria desde el momento en que dió a luz en 1810. Esto lo comprobamos con la resolución firmada por el Presidente de la Primera Junta, Don Cornelio Saavedra, quien tan solo cinco días después de la Revolución de Mayo, firma el primer decreto correspondiente a las Islas Malvinas asumiendo la responsabilidad del pago de salarios y jornales a los trabajadores del presidio establecido por allí entonces, definiendo la soberanía y jurisdicción sobre el archipiélago y sus adyacencias.
En ese mismo marco, a las pocas semanas de la Declaración de la Independencia, fue Don José de San Martín como Gobernador de Cuyo, quien solicitó la incorporación de los sentenciados en Patagones y en Malvinas al Ejército Libertador, en la previa del Cruce de los Andes.
Recuperando estos antecedentes, y a pesar de las guerras civiles, entendemos mejor el proceso de organización e integración territorial austral de la Argentina, en el contexto de la creación de la Comandancia Político y Militar de las Islas Malvinas y adyacencias designando a Luis Vernet como su autoridad principal.
La Comandancia Política y Militar
La tarea que se le habría encomendado a Vernet de consolidar el pueblo argentino-malvinense en la región vería sus frutos rápidamente. Para aquel entonces, cabe destacar, las únicas festividades que se celebraban en las Islas eran tan solo el 25 de Mayo y el 9 de Julio.
Más allá de los estratégicos recursos marítimos que se ostentaban alrededor de las Islas, los incentivos fiscales con el objetivo de consolidar la población en el archipiélago no faltaron. De hecho, el mismo Vernet y otros se encontraron beneficiados de un decreto firmado por Manuel Dorrego como Gobernador de Buenos Aires en 1828, en el cual se establecía que los habitantes de la región estarían libres del pago de cualquier tipo de contribución a fin de garantizar la promoción económica, antecedente clave de la Ley 19.640 de Promoción Industrial promulgada 144 años más tarde.
Sin embargo, en diciembre de 1831 los Estados Unidos de Norteamérica enviaron una flota militar para bombardear y saquear las Islas Malvinas, en represalia por la expulsión de buques pesqueros estadounidenses que meses atrás Luis Vernet había encontrado sin los permisos correspondientes para la caza y explotación de lobos marinos.
El ataque de la flota estadounidense favoreció la posterior usurpación británica de Malvinas el 3 de enero de 1833, expulsando a la población argentina-malvinense que regresó hacía el continente. De esta manera, el eje estructurante histórico de la región fue ocupado de manera ilegal por una potencia imperial como es el Reino Unido de Gran Bretaña, iniciando un proceso de colonización del sud atlántico desde el centro de la Argentina Bicontinental, con el propósito de avanzar sobre todo el territorio austral.
A pesar del ataque britanico a Malvinas, los invasores no lograron capturar y expulsar a toda la población argentina en el archipiélago, y en agosto del mismo año se produjo la revuelta encabezada por el Gaucho Rivero. En ella se recupera el control de las Islas por un tiempo determinado, ya que a los pocos meses fueron sofocados por los británicos, quienes requirieron el apoyo logístico del HMS Beagle, que navegaba no casualmente sobre América del Sur en el marco de las campañas científico-militares británicas conducidas por Fitz Roy y Charles Darwin.
El colonialismo britanico se reafirma en el Atlántico Sur tras la derrota de Rivero, pero proporciona un detalle interesante: el tribunal britanico que tomó el caso se declaró incompetente puesto que Su Majestad Britanica no ejercía jurisdicción en el lugar en donde sucedieron los hechos (Puerto Argentino), reconociedo una vez más la soberania argentina en el archipielago de Malvinas y adyacencias.
Desplazamiento: de Malvinas a la Isla Grande
En este proceso histórico, es nuestra tarea esclarecer el rol de las Islas Malvinas en la integración territorial de la Nación y su presencia permanente en la continuidad histórica del proceso de consolidación del Estado-Nación de la Argentina iniciado a comienzos del siglo diecinueve.
Con la afirmación de la usurpación ilegal británica en el Atlántico Sur en la década del treinta, el líder federal y Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Don Juan Manuel de Rosas, estableció una estrategia de negociación diplomática por la recuperación del archipiélago durante más de quince años, que a día de hoy se constituye como un valioso antecedente para el restablecimiento de las mismas enmarcado en la Resolución 2065 (XX) de la Organización de Naciones Unidas.
Sin embargo, con frentes abiertos en la política exterior y en la política interior, el Restaurador de las Leyes es derrotado en la Batalla de Caseros en 1852 a manos del Ejército Grande compuesto por el ejército del Imperio del Brasil, los unitarios argentinos, y los colorados del Uruguay financiados por el britanico Samuel Fisher Lafone, fundador de la “Falkland Island Company” que a día de hoy explota los recursos naturales en Malvinas.
Con el exilio de Rosas del país y la posterior sanción de la Constitución Nacional en 1853, cuya inspiración principal se encuentra en el texto constitucional norteamericano, se incorpora la figura jurídica de los “Territorios Nacionales” proveniente del derecho anglosajón, nomenclatura con la que se denominará a los espacios propios de la integridad territorial nacional que están por fuera de los límites establecidos por cada una de las catorce provincias preexistentes.
Ya desde los primeros años de la década del treinta se había comenzado con la realización de campañas en dirección al sur de Buenos Aires, con el objetivo de fortalecer fronteras y expandir el comercio con los pueblos indígenas de la zona norpatagónica, profundizando a su vez la integración comunitaria forjada sobre la base del respeto mutuo.
El proceso de hominización de estas tierras comenzó hace más de diez mil años en la última era de hielo del planeta. Dichos grupos de humanos cruzaron el Estrecho de Bering, que unió el noreste de Asia con el noroeste de América, y se fueron desplazando con el paso del tiempo hasta la Patagonia Austral. Las comunidades formadas allí estuvieron, desde el proceso de integración hispanoamericana de los pueblos.
En consonancia con esto es la llegada a la Isla Grande de Tierra del Fuego por parte de la expedición liderada por Fernando de Magallanes, en la cual también se avistaron las Islas Malvinas; la navegación comandada por García Jofre de Loaisa y Francisco de Hoces en 1526 que cruzó por el Mar de Hoces; el acercamiento primero y más próximo a la península antártica en 1603 por Gabriel de Castilla; y la celebración de la primera misa en Tierra del Fuego en 1765 debido al naufragio de la fragata Purísima Concepción en enero de ese año, momento en el que los naufragantes convivieron junto al pueblo Haush en donde hoy conocemos como Península Mitre.
Durante el período de Independencia de la Argentina y en adelante, se sostuvo la afirmación política y territorial de la Argentina en las tierras heredadas por el Virreinato español. Ejemplo de esto es la relación que establece don José de San Martín con las comunidades cordilleranas, a quienes solicitó el permiso de pasar por allí para realizar el Cruce de los Andes, en el que también colaboraron los pueblos originarios.
Cabe destacar también la figura de Juan Calfucurá, quién fue clave en la defensa y consolidación de nuestra integridad territorial. Durante la segunda mitad del siglo XIX fue la labor de las misiones católicas, por ejemplo de la congregación salesiana, las que profundizaron estos vínculos de largo aliento histórico.
Volviendo a las campañas hacía el sur, en especial a las que se realizaron a finales del siglo diecinueve, es que se encuentra la institución de Tierra del Fuego como Territorio Nacional en 1884, junto a otras ocho nuevas gobernaciones enmarcadas en la Ley Orgánica de Territorios Federales.
No sería hasta 1955 que, por iniciativa de la fueguina Esther Fadul y el entonces Presidente Juan Domingo Perón, se provincializaría el último Territorio Nacional que aún quedaba en pie. Sin embargo, con el golpe de Estado encabezado por Pedro Eugenio Aramburú se retrae otra vez a la figura jurídica de Territorio dependiente del Poder Central.
Décadas más tarde, el pueblo fueguino con Carlos Martin Torres a la cabeza de la acción, propondría nuevamente la provincialización del último Territorio Nacional. La gesta exitosa venció a la influencia británica en el Poder Central, consolidando en el extremo Austral del país a la Provincia más grande de la República Argentina.
En la mayoría de las ocasiones en las que se habla acerca de la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, se contempla únicamente la Isla Grande de Tierra del Fuego y no la totalidad de los territorios que forman parte su extensión.
El desarrollo poblacional en la región fue propiciado en la Isla Grande, a partir de acciones estratégicas como la fundación de la Ciudad de Ushuaia a cargo del Comodoro Augusto Lasserre en 1884, la fundación de la Ciudad de Río Grande de cara al Atlántico Sur en 1921 y la sanción de la Ley 19.640 de Promoción Económica entre 1972 y 1974.
En esta instancia es necesario esclarecer el porqué de la elección de la Isla Grande como territorio acorde para los objetivos propuestos. 48 años antes del asentamiento formal de Lasserre en el extremo más austral del continente americano, el territorio que se había escogido como eje estructurante de la región austral fue usurpado por el Reino Unido de Gran Bretaña, que 193 años después hasta el dia de hoy, sostiene el ocupamiento ilegítimo e ilegal de las Islas Malvinas con las características propias del colonialismo del siglo diecinueve.
Por lo menos el 25% de nuestro territorio nacional se encuentra usurpado por una potencia extranjera que saquea día tras día las riquezas naturales de nuestros espacios marítimos, permitiéndole ostentar uno de los PBI per cápita más fuertes del mundo, mientras que a escasos 589 kilómetros, el pueblo fueguino padece niveles de desempleo y desigualdad sin precedentes.
Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur es conocida como la Provincia “más joven del país”, al fijar su fecha de provincialización definitiva el 26 de abril de 1990. Sin embargo, ajustando un poco la lupa resulta evidente que la historia institucional, cultural e identitaria de nuestra Provincia Grande comienza por lo menos hace más de 200 años, y se formaliza con la creación de la Comandancia Político y Militar de las Islas Malvinas y adyacencias en 1829.
Es decir, no es posible ni admisible concebir en ningún orden a la Isla Grande de Tierra del Fuego separada de las Islas Malvinas, las Islas del Atlántico Sur, el Sector Antártico Argentino y sus espacios marítimos correspondientes. La Provincia Grande de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur es un todo común inseparable e indivisible, así como lo es la Nación Argentina.
No hay que perder de vista que, cuando hablamos de la República Argentina, estamos hablando del octavo país más grande del mundo. Su extensión va desde el Oeste en el Parque Nacional Los Glaciares de la Provincia de Santa Cruz hacia el Este en Punta Mathias de la Isla San Jorge de las Islas Sandwich del Sur, y desde el Norte en la Confluencia de los ríos Grande de San Juan y Mojinete en la Provincia de Jujuy hacia el Sur en el Polo Sur. Se encuadra aquí la bicontinentalidad de la soberanía de la República Argentina, extendiéndose sobre dos continentes.
A su vez, este año nuestro país celebra los 210 años de Independencia, asumiendo ya un carácter de bicentenariedad en su dimensión temporal. Dos condiciones especiales que caracterizan a la Argentina, pero que también comparte únicamente con la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
En el fin está el principio
Si uno se detiene un momento, puede detectar que en muchas ocasiones en este proceso histórico parece reproducirse aquella típica direccionalidad norte-sur que predomina en las narrativas. Una suerte de efecto derrame que se aferra a las leyes gravitacionales como único repertorio de desarrollo. Quieren venir a decirnos a los fueguinos qué, cómo y para quién es la Provincia. Por eso afirmamos que el pueblo fueguino conquistó Buenos Aires el 26 de abril de 1990. Aquella gesta provincializadora fue nuestra Batalla de Cepeda. Sin ejércitos, sin balas, sin violencia. Fue la convicción de los fueguinos que lograron la Provincia Grande frente a la oligarquía local que quería la Provincia Chica, frente al centralismo porteño, y frente a la indeclinable voluntad colonizadora imperial de la Corona Británica.

Quieren de nosotros que nos vayamos de esta tierra, que olvidemos nuestra historia, que seamos incapaces de querernos entre nosotros. Pero este lugar que nos acuñó a todos y todas, este lugar que es nuestro hogar, esta tierra que nos abraza, nos alimenta, nos cuida y nos educa, tiene el eterno amor de su pueblo, los herederos de esta tierra. Atributo que los usurpadores británicos en Malvinas, ni siquiera con la propia magnificencia artificial de la época, serán capaces de sembrar.
Es que la naturaleza es sabia, ordena todo en su medida y en armonía. Al Pueblo fueguino le ocupa cuidar, proteger y preservar la Tierra de la que somos hijos. Vivimos en nuestros días un tiempo, una humanidad y un mundo en degradación, un proceso que está llegando a su fin. Bien se dice de nosotros que somos “el fin del mundo". Pero hay una oportunidad para revertir la historia, para reconstruir lo humano, para virar el rumbo hacia el sur. Es desde Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur que un nuevo mundo puede comenzar a nacer.











