Comunidad

Hernán Pujato: el hombre que miró más allá del Sur

Hernán Pujato: el hombre que miró más allá del Sur
Es necesario que cada Argentino y Argentina sea opitimista. En esa condición se tienen ventajas para encarar dificultades, vencerlas y llegar a la meta. Con derrotismos no se ha hecho jamás obra alguna. Con fe se cumplen grandes esfuerzos y si se cae al fin porque la empresa es superior a las fuerzas, se tiene el honor que da la grandeza de caer por un ideal” H. P

El 5 de junio se cumplieron 122 años del nacimiento de Hernán Pujato. Nacido en 1904 en la ciudad de Diamante, de la mesopotámica provincia de Entre Ríos, su destino ya estaría signado al coincidir con el año del inicio de la ininterrumpida presencia argentina en el continente blanco. 

Tras egresar del Colegio Militar de la Nación en 1924 como subteniente del arma de Infantería del Ejército, su carrera militar se forjó abrazando la altura y el frío de las montañas; condiciones no muy diferentes a las que enfrentaría en la Antártida, que, en promedio, es el continente más alto y frío de todos. 

En sus inicios, fue destinado al Regimiento de Infantería de Montaña N° 16 en Uspallata, Mendoza, mismo regimiento donde se formaría el General Perón unos años más tarde. Allí adquirió habilidades de esquiador y escalador militar; tantas que casi logra llegar a la cumbre del Aconcagua, pero una tormenta obligó a dar marcha atrás a 300 metros de alcanzar la meta. En una muestra de lo que le depararía el destino, una vez descendido, sufrió la amputación de varios dedos de su mano izquierda y dos de sus pies. 

Cuando egresó de la Escuela Superior de Guerra, obtuvo el título de Oficial de Estado Mayor en 1938 y regresó a Mendoza para cumplir funciones en el Centro de Instrucción de Montaña. Luego, fue designado como jefe interino del Estado Mayor del Comando Agrupación Patagonia, en Chubut. 

Sin embargo, al norte del Trópico de Capricornio definió su destino austral. A mediados de la década del 40 fue designado como agregado militar en la Embajada argentina en Bolivia. Obsesionado con el continente blanco, desde allí planificó y diseñó los cimientos del Plan Antártico Argentino, cuya obra sigue vigente al día de hoy. Quizá sea una de las pocas piezas del rompecabezas de una Argentina decidida a tener un lugar protagónico en el mundo que perdura hasta el día de hoy. 

Varias fuentes aseveran que, una visita del por entonces Presidente Perón al Alto Perú en 1948, se convirtió en la oportunidad única para la presentación de dicho plan en donde la mismísima Evita ofició de intermediadora para acercar definitivamente la propuesta. 

La tenacidad de Pujato es sólo comparable a la de los grandes próceres de nuestra historia. La disciplina y la preparación fueron la siembra de lo que cosechó décadas después: formó parte un curso de supervivencia polar en Alaska (Estados Unidos) y viajó a Canadá para adquirir equipamiento especial. También se entrenó con el ejército sueco durante el invierno. 

Pero… ¿en qué consistía el Plan Antártico Argentino? 

El plan tenía un objetivo general y era muy claro: “Si nosotros decimos que aquellas tierras son nuestras, debemos estar allí”. Es decir, garantizar la presencia permanente e ininterrumpida que nuestro país había comenzado a trazar en 1904 bajo la presidencia de Julio Argentino Roca. 

Convencido de profundizar la presencia efectiva del continente por parte de nuestro país, propuso instalar bases de manera coherente con la porción antártica reclamada por Argentina y habitarlas con población nacional. 

En tiempos donde no existía ninguna normativa internacional sobre la Antártida, como luego fue el Tratado Antártico de 1959, Pujato anticipó la preponderancia de la actividad científica y la logística militar promoviendo la creación del primer instituto del mundo dedicado a la ciencia antártica -hoy el Instituto Antártico Argentino- de quien fue su primer director y llevó justamente su nombre.

Hacia el sur del sur

Como meta final, Pujato planteó que Argentina debía llegar al Polo Sur por vía terrestre. Las lecturas de las hazañas realizadas por Roald Amundsen (noruego) y Robert Scott (inglés) en 1911 fueron las inspiraciones que calaron hondo en nuestro patriota para pensar la proyección y posición Argentina en fin del mundo austral. La carrera al Polo Sur fue la primera en el siglo XX, a la que luego se sumó la carrera por el espacio exterior y los espacios marítimos en el contexto de la Guerra Fría.  

Pujato quería que nuestro país fuera el tercero en el mundo en lograrlo, pero finalmente se logró en 1965 de la mano de uno de sus grandes aprendices y figura trascendental de la historia antártica argentina: el General Jorge Edgar Leal, quién lideró la Operación 90° que logró flamear nuestra bandera en el Polo Sur.

De alguna manera, Pujato allanó el camino al preparar dicha hazaña 15 años antes a través del estudio de los perros polares. En sus viajes al Norte, compró con sus propios medios 36 perros entrenados para arrastar trineos. El Ejército Argentino llevó adelante la tarea de adiestrarlos, entrenarlos, y fundamentalmente, reproducirlos. De un mestizaje entre las razas alaskan malamute, groenlandés, husky siberiano y spitz manchuriano nació el llamado y hoy extinto “Perro Polar Argentino” que ayudó a nuestros compatriotas a transitar la Antártida, y según dicen, advertir las grietas del suelo. 

Ciencia y soberanía

En 1951 lideró la Primera Expedición Científica argentina a la Antártida a bordo del buque Santa Micaela. Puesto que nuestro país no contaba los medios necesarios para llegar allí y que algunos sectores tenían cierta reticencia del Plan Antártico, Pujato tuvo que golpear las puertas de la compañía naviera de los hermanos Pérez Companc - que había sido fundada en 1946 -, quienes se lo arrendaron simbólicamente por el precio de un sólo peso

En el marco de esta expedición se funda la Base San Martín, la primera al sur del Círculo Polar Antártico. Tuvieron que transcurrir más de 40 años para que nuestro país instalara otra base científica, ya que desde 1904 - cuando Argentina instaló la Base Orcadas - no se había emplazado ninguna otra. De esta manera, conforme al Plan de Pujato, se inicia un camino que incrementó de manera contundente la presencia argentina en la Antártida, hecho que muchos autores, como Pablo Fontana, denominan como Salto Polar Argentino.

No conforme con esto, Pujato también promovió la adquisión de un rompehielos para poder  llegar a los lugares más recónditos de la Antártida. Así, nuestro país logró de forma inédita, de contar con un rompehielos: el  ARA General San Martín (incorporado a la Armada en 1954).

La Doctrina Antártica Argentina 

En una conferencia pronunciada en 1953, Pujato diría que “El apoyo entusiasta y firme, en todos los momentos, del Excelentísimo señor Presidente de la Nación, General D. Juan Perón, me permitió iniciar los preparativos para esta empresa polar, que nunca se había efectuado por argentinos en la Antártida (...) Antes era necesario que un representante de razas nóridcas o sajones encarara los hielos polares. Hoy felizmente, por el apoyo que ha prestado el Excelentísimo señor Pesidente de la Nación, hay una serie de muchachos criollos tan capaces como cualquier señor extranjero conocedor de la región polar".

El fatídico golpe militar de 1955 que derrocó a Perón y proscribió al partido más popular de la Argentina, también tuvo sus consecuencias en el continente blanco. Pujato fue presionado y obligado a retirarse de sus funciones, lo que repercutió no sólo en el liderazgo que había logrado de manera natural y genuina, sino que también pausó y postergó la ejecución de su plan que redundaba en un claro beneficio para la posición argentina en un continente disputado por las potencias lejanas del Atlántico Norte. Pujato padeció en carne propia, bajo las inquisiciones políticas, el mismo destierro que sufrió nuestro primer antártico José María Sobral, años antes por su filiación yrigoyenista.

Lo que jamás claudicó Pujato fue la lealtad inquebrantable con su país. En 1982, en ocasión de la Guerra de Malvinas, se ofreció como piloto con el objetivo de estrellarse a bordo de un avión lleno de explosivos contra algún buque inglés. Haría honor a lo manifestado en la conferencia de 1953, cuando aseveró: "Pido a Dios, que en un día no lejano, veamos la bandera de la Nación Argentina flamear sobre las Malvinas y escuchemos en la lejanía, en los vientos que vienen del Polo Sur, voces viriles que repiten estrofas de la canción que emociona a los argentinos a su paso, por la vida: Coronados de gloria vivamos o juremos con gloria morir". 

Nuestro patriota vivió hasta los 99 años y murió en el plano material el 7 de septiembre de 2003 en el Hospital Militar de la Ciudad de Buenos Aires. Y reiteramos que sólo en el plano material ya que unos años antes de partir aseguró: “En mi alma hay una gran alegría. No creo en la oscuridad de la muerte. Por eso, estoy aquí, muchas veces solitario, pero no solo, sino pleno y contento de la vida que he hecho y de lo que me ha pasado. A pesar de estar con deficiencias, vivo feliz mis últimos días. Yo sé que me voy hacia Dios”. 

Sus restos descansan en la Base San Martín y su obra quedó inmortalizada en la historia antártica argentina.