Panorama

La Selección ya ganó, ahora le toca a la política

La Selección ya ganó, ahora le toca a la política

El 15 de julio, en Estados Unidos, apenas el árbitro pitó el final, los jugadores de la Selección desplegaron una sábana blanca con letras negras pintadas a mano que decía algo profundo, simple y que nos representa a todos: "Las Malvinas son argentinas".

Y los jugadores, a pesar de la prohibición expresa de la FIFA y de las advertencias oficiales, la levantaron frente a la tribuna. En medio del festejo, con el triunfo del partido todavía en caliente, eligieron ese gesto.

Una imagen que recorrió el mundo. Y que inaugura una nueva etapa de la Causa Malvinas.

Emocionó y nos sigue emocionando. Pero tenemos que ser honestos como argentinos, una bandera no reemplaza a la política. Lo que la Selección hizo en este mundial —cargar sobre sus hombros un reclamo que es de todos los argentinos— es la parte que el deporte puede hacer. Y la hizo maravillosamente. Más no les podemos pedir y ya bastante se expusieron ante los ojos del mundo.

Pero ahora la responsabilidad de seguir con la Causa Malvinas es de todo el pueblo argentino y muy particularmente, de quienes tenemos responsabilidades políticas.

El propio Gobierno Nacional había avalado la prohibición de los símbolos de Malvinas en el estadio, tratándolos como "discurso de odio" para luego criticar a los jugadores con la consigna que hicieron un “patrioterismo populista”. Otro tanto hizo el ex presidente Mauricio Macri alegando que los jugadores “hicieron una de más”. Mientras la dirigencia política francesa se encolumnaba en defensa de Mbappé ante los ataques de una senadora paraguaya, el presidente de la nación y el presidente de la fundación de la FIFA le daban la espalda a los jugadores argentinos que levantaron una causa nacional. En este lamentable contexto político fueron nuestros jugadores a enfrentar la final contra España con el resultado que ya conocemos. 

La bandera de Malvinas, por otro lado, dejó expuesta la pasividad de una política exterior que pareciera mirar para otro lado cuando se trata de Malvinas. Recién después de que Argentina le ganara a Inglaterra apareció de forma tardía un comunicado oficial de la Cancillería. El mismo redactado con tal cuidado, que parecía que el gobierno no quería que se interpretara como una queja formal, seria y contundente. Mientras los jugadores levantaban la bandera con convicción, la Casa Rosada corría a contener la incomodidad con Londres.

Y todo esto sucede en medio de algo todavía más grave: el avance de una política para terminar con las capacidades nacionales que nos permitirán recuperar nuestras islas.

Ahí está la contradicción de fondo. No se puede prometer recuperar las Malvinas "por la vía diplomática y con inteligencia" mientras se subasta el territorio nacional. No se puede hablar de soberanía y, al mismo tiempo, alejarla de las condiciones materiales para su existencia. Nuestro espacio está absolutamente en la vereda de enfrente de este vaciamiento del gobierno libertario.

Es una pena que el partido político al que circunstancialmente le toca gobernar el país no coincida ni con el pueblo argentino ni con la Selección nacional. La cancha lo dejó a la vista: de un lado, los jugadores y la gente; del otro, un Gobierno incómodo con el país que pretende gobernar.

Y esa misma lógica de abandono la vivimos en Tierra del Fuego AIAS todos los días.

El retiro de YPF de áreas estratégicas de la provincia. La caída sostenida de la actividad hidrocarburífera y los puestos de trabajo que se pierden con ella. La intervención del puerto de Ushuaia, uno de los puertos más importantes del país. Y, al norte de nuestras Islas Malvinas, la explotación ilegal de recursos que son de los argentinos, avanzando sin que se despliegue una respuesta a la altura.

Desde la Patagonia Austral entendemos algo que a veces se olvida en los grandes centros de decisión: la soberanía no se declama. Se ejerce. Y se ejerce con presencia y con desarrollo.

Tierra del Fuego es la provincia bicontinental. Somos la puerta de entrada al Atlántico Sur. Somos la proyección argentina hacia la Antártida. Malvinas no es para nosotros un tema lejano ni una efeméride: es parte de nuestro nombre, de nuestra geografía y de nuestra vida cotidiana. Los riograndenses nos levantamos todos los días mirando a Malvinas desde nuestras costas y nuestro mar. 

Por eso lo decimos con claridad: no hay soberanía sin desarrollo. Como reza el monumento a los héroes en nuestra ciudad de Río Grande: “un pueblo nunca olvida a quienes dieron la vida por la dignidad de todos”. 

Malvinas se defiende fortaleciendo Tierra del Fuego AIAS. Invirtiendo en su industria que sostiene los puestos de trabajo en el rincón más austral de la Argentina, el más inhóspito.

Al futuro no podemos seguir esperándolo. El futuro lo tenemos que construir, hoy.

Desde el Atlántico Sur que no es el fin del mundo, sino una de las fronteras más importantes del mundo que viene.

Los jugadores ya hicieron su parte: con un gesto simple y enorme reforzaron en nuestro país el sentir de la Causa Malvinas, una emoción compartida. Nos recordaron quiénes somos y nos trajeron la memoria de nuestra historia. La historia del pueblo argentino.

Ahora, le toca a la política estar a la altura de ese gesto.