Panorama

Manifiesto

Manifiesto

I

Rumbo 180º es la dirección exacta que marca nuestra orientación. La coordenada sur para navegar por encima de las mareas, atravesando las tormentas de frente y los vientos a favor. 

Rumbo 180º es caminar hacia al subsuelo verdadero, que no está abajo, sino adentro. Un andar por la inmensidad del país para resignificar cuál es nuestro centro. 

Rumbo 180º es un gesto para recomenzar. Creemos en un nacionalismo que devuelva la fe en la Argentina, con la mirada puesta en el horizonte del siglo XXII. 

Desde esa intuición nace este Manifiesto. 

II

En un país donde la palabra no vale, la patria no tiene lenguaje. 

Las palabras que ordenaron la conversación en las últimas décadas no alcanzan para describir el mundo y mucho menos para transformarlo. Por eso, la tarea que emprendemos es reconstruir una lengua común que encienda la potencia ética de la acción.   

Y para eso hay que jugársela por la verdad. Una verdad que no tranquilice, sino que sacuda los cimientos, que se lleve puesto lo necesario, que se anime a la pregunta que incomoda y haga visible lo que está oculto. 

III

El fin de una época es dejarla atrás. Animarse al presente es salir herido.

Es vivir en un tiempo que siempre se escapa. Encarnar la época es ensuciarse en el barro, preguntarse por un tiempo que forja barreras infranqueables y continuidades insospechadas. Asumir que vale la pena una idea, un símbolo o un grito que nos traiga algo de frescura. 

El pasado solo existe si se actualiza y el futuro será presente actualizado.

IV

Trazar un Rumbo en el desierto tormentoso (uno-ocho-cero) en el temblor de la brújula (uno-ocho-cero) intuición severa (uno-ocho-cero) del número que insiste (uno-ocho-cero) en una dirección (uno-ocho-cero) hacia la comunidad de destino compartido (uno-ocho-cero) un gesto que trascienda las mareas (uno-ocho-cero) para perderse en lo ancho del cielo y el horizonte del mar (uno-ocho-cero) y acercarnos a la inmortal distancia (uno-ocho-cero) entre lo que queda atrás y lo que se vislumbra adelante.

V

La Patria es una memoria que reposa sobre un suelo. Una voz oculta que resuena entre lo oído y lo escrito. Su mito es un obsequio entre un eco olvidado y un nuevo sentido ofrecido. Mirarse en el espejo de la Nación es iluminar la presencia de un misterio, uno que implica caminar entre las penumbras hasta que algo se manifieste. 

Al misterio no hay que entenderlo, en el misterio hay que sumergirse.

VI

La tradición se encuentra en la raíz y también en sus frutos. 

Los pueblos nuevos, como el argentino, conservan la frescura inmediata de su infancia cercana. Una memoria tan próxima que la podemos llamar historia presente. Los países jóvenes son los únicos que tienen historia viva, un recuerdo autobiográfico de sí. Pero la juventud puede ser una trampa injusta, una ilusión de invencibilidad que nunca es tal. 

En la naturaleza escurridiza de nuestra identidad reside su mayor valor. El misterio de lo que somos sin saber lo aún que podemos ser. Ahí nuestro poder, ahí nuestra fragilidad. 

Esa identidad se constituye de dos energías: la que empuja a la libertad y la que congrega a la comunidad. En Argentina la idea de grupo es poderosa, atraviesa muchas de sus cualidades y reaparece en cada gesto histórico. Pero cuando se formula con el facilismo de comunidad “en abstracto”, queda sin carne y sin verbo. No dice nada, pierde vitalidad y se vuelve una consigna que obtura. Anulando la fuerza rebelde e indómita, que también es una marca de nuestra impronta. Somos un poema nacional fundado en variedad de sentires y haceres, de impulsos singulares y figuras extraordinarias. Las dos sociologías son la materia viva de lo común. 

Una comunidad real se basa en vínculos auténticos que sostienen la fraternidad como palabra cargada de sentido. Cuando hay un destino compartido, la fuerza de la historia nos arrastra y nosotros nos dejamos llevar. En el fondo, estamos buscando ese instante de plenitud en el que somos todos argentinos. 

VII

La fe es creer avanzando. 

La fuerza que tenemos para mirar al horizonte con los pies hundidos en la tierra. La clave de sol que da sentido al pentagrama, la música que apacigua al ruido. 

VIII

Existen tiempos para sembrar y cosechar, para hablar y callar. Pero hay tiempos que son para dar un golpe de efecto. 

Hoy es urgente corrernos de la vía muerta de la decadencia argentina. El derrumbe económico y moral es producto de un status quo perverso, sostenido por el pacto de sangre con su testaferro: La Casta. Existe un consenso tácito entre los piratas sin bandera, la partidocracia clientelar, el circo parlamentario, los militantes de la caja, los tecnócratas sin pueblo, el negocio del think-tank y los activistas del reel. La destrucción del aparato público tiene causas endógenas. Y su descrédito es producto de la impotencia y la hipocresía. 

Más allá de los sellos, son muchas las serpientes en la cabeza de la Medusa. 

IX

Los fracasos de la democracia argentina no se entienden sin el escenario de posguerra de Malvinas, que viene sedimentando un largo proceso de descomposición. Una marca que es geopolítica y económica, pero sobre todo espiritual. Mientras el Reino Unido coloniza un cuarto del territorio de la Argentina, la derrota se tradujo en una pérdida sostenida de las capacidades nacionales en materia de defensa, ciencia y tecnología, infraestructura, industria y control de los recursos. 

Este derrumbe en cámara lenta es una limitante estructural del sistema político, que ya no puede imaginar nada más. A pesar de los avances y retrocesos en las últimas cuatro décadas, los efectos materiales y culturales operan como una interdicción entre lo que se disputa hacia afuera y se construye hacia adentro. 

La soberanía bicontinental es nuestra hoja de ruta. La cartografía irrenunciable que revela los dilemas espaciales, simbólicos e históricos del país. Argentina es nuestro aleph, la línea vertical que se dibuja desde la Puna a la Antártida y la horizontal desde la Cordillera hasta las Islas Sandwich. En esa estela se inscribe nuestra unidad del todo: figura donde se condensan los tiempos y lugares de nuestro universo. La cruz que conecta todos los puntos, al sur y al norte, al este y al oeste.

Los Territorios del Futuro constituyen cada uno de los paisajes que se dibujan desde el Río de la Plata a los Andes; del Valle Calchaquí a la Pampa Húmeda; de la Puna a la Selva Misionera; del Mar Argentino a las Sierras; de la Estepa Patagónica al Delta del Paraná; de la Tierra Colorada al Continente Blanco…

Civilización Austral o Barbarie Imperial. 

X

El Pacto Federal es epicentro de la discusión por el fundamento mismo de la Nación. Es la infraestructura política que ordena a todas las demás. Ese Pacto, ideario revolucionario y carnadura del país, hoy es un simulacro. 

No hay proyecto nacional sin proyectos provinciales, pero tampoco hay proyectos provinciales sin una unidad nacional. El federalismo es una dinámica de conflictos que exige una síntesis capaz de desarmar las dicotomías absolutas -campo/ciudad, interior/capital, nacionalismo/desarrollo- para resolver la encrucijada que nos llama a asumir un nuevo protagonismo. 

Los vectores diferenciales de la estructura económica (agroindustrial, energética, metalífera, manufacturera, científico-tecnológica, economía azul) condensan los conflictos y las potencialidades de cómo integrar los encadenamientos productivos, desde una posición sólida y no subsidiaria. 

Lo primero, es definir la base material. Por eso, la pregunta a responder es con qué actores económicos vamos a realizar el proyecto de país que buscamos.  

XI

Todo proyecto de país se vertebra desde la política internacional. 

Un modelo económico se define por su rol en el mercado mundial. Qué partido jugamos y qué le vendemos al mundo. Esos son los criterios que pueden estabilizar un desarrollo con particularidades argentinas. Hoy el piso y el techo de los circuitos productivos internacionales están en proceso de acelerada transformación. Nuestro país, tiene dos directrices que son estructurales: comerciar con todos los países del mundo y articular el A-B-C. 

El desafío más grande en el plano externo es definir con claridad la tercera posición y sostenerla estratégicamente.

Mientras el mundo se incinera entre el imperialismo narcótico de guerra y el globalismo deformante de consumo, los corolarios se enfrentan, pero convergen en la carrera por el control absoluto de la vida. Y si una de las preguntas contemporáneas es la cualidad de lo humano a la hora del algoritmo, nosotros argentinos, tenemos una respuesta para ofrecer. Una incisión que podemos abrir en los asuntos globales, en la que Argentina puede dar su aporte a este tiempo de la historia.

La cuarta revolución industrial es un hecho de la realidad y los Estado-Nación están cada vez más cautivos frente a la vorágine del capital. Se muestra un ineludible escenario de recrudecimiento bélico, una Tercera Guerra Mundial “en pedacitos” como definía Francisco. 

A diferencia del siglo XX, la interdependencia global asume nuevas características, que desdibujan las dimensiones de lo militar y civil, lo económico y político, lo territorial y cultural. Generando enfrentamientos crecientes funcionales a los intereses de las superpotencias, de los cuales no podemos quedar prisioneros. 

Soberanía es antítesis de humillación. 

La soberanía está en el alma y en el dato.  

XII

Con estas coordenadas trazamos una orientación como única certeza.

Rumbo 180º es ir en busca del destino compartido. Es creer en el futuro. Navegando a través de los avatares de la política y la cultura, la técnica y la estética, la razón y el espíritu, el poder y el amor. Desde nuestra intuición más severa: ser desde el fin del mundo. 

Y el fin es el lugar donde empezamos.