
"Solo desde ese último lugar conocido y ocupado sea posible percibir el planeta en su verdadera forma y dimensiones, también solo desde allí sea posible percibir en su verdadera forma y dimensión la historia del hombre sobre el planeta", son las palabras de Amelia Podetti que resuenan en mi cabeza al escribir esta suerte de proclama intergeneracional, impulsada con el propósito de desempolvar las memorias arrojadas a las bibliotecas del olvido, pero también con la más genuina y humana intención de encontrar en aquel pasado, la esperanza de un futuro diferente pero posible.
Esta historia que contaremos hoy representa un verdadero punto de inflexión para la historia de nuestra Nación y de nuestro Pueblo, pero también, por la propia espacialidad y temporalidad de la Argentina, por la propia capacidad de universalización de esta tierra en la que vivimos, y por la propia potencialidad de nuestras las que son nuestras raíces, ha de constituirse como un verdadero punto de inflexión en la historia de la humanidad.
Un día como hoy hace 36 años atrás, nació la Provincia Grande. Pero en aquella madrugada del jueves 26 de abril de 1990, el Congreso de la Nación Argentina fue el epicentro de la interacción entre procesos e intereses que se habían gestado, por lo menos, desde aquel Triunfo Argentino en los comienzos del siglo diecinueve a orillas del Río de la Plata, y que, me atrevo a decir, marcarán el rumbo de nuestro país hacía el siglo veintidós en las aproximaciones de la costa austral del Río Grande.
Una historia que contiene múltiples historias, con diferentes procesos, finales y comienzos. Iniciando la última década del siglo veinte, nació oficialmente la Provincia Grande de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Al mismo tiempo que se paría institucionalmente el centro de nuestra Argentina Bicontinental, se culminaba definitivamente el último proyecto humano y político propiamente fueguino que se haya visto hasta entonces.
Entre los diferentes momentos que se pueden elegir para marcar el comienzo, con lo difícil que se encuentra asumir la linealidad del tiempo, vamos a iniciar este relato en el año 1972 con la sanción de la Ley Nacional 19.640 de Promoción Económica y Fiscal, la cual impulsó el desarrollo económico en el extremo sur de la Argentina en el marco de una estrategia de migración interna y crecimiento poblacional.
Dicho y hecho, la estrategia planteada tuvo un impacto progresivo desde el primer momento. Compatriotas de todos los rincones del país, en búsqueda de un mejor porvenir, migraron hacia el fin del mundo. Si bien la Isla Grande de Tierra del Fuego ya se encontraba poblada desde hace décadas, con el establecimiento de la armada en Ushuaia en octubre de 1884 y, sobre todo, en la dimensión de la Provincia Grande, con la creación de la Comandancia Político y Militar de las Islas Malvinas en junio de 1829, es a partir del Régimen de Promoción Industrial que se dispara exponencialmente el crecimiento demográfico en la región austral de nuestra Patria.
Entre tantos que fueron llegando de manera directa e indirecta por el impacto de la Ley 19.640, se encontraba un grupo de jóvenes platenses inspirados por el regreso del General Juan Domingo Perón a la Argentina, que de alguna forma también acompañaron a Mariano Eduardo Loedel como Gobernador del entonces Territorio Nacional designado en 1973 por el Presidente Héctor J. Cámpora. De aquel grupo de jóvenes radicados en la Tierra del Fuego se destacaría un muchacho de apenas unos 23 años, que poco tiempo atrás se había recibido de médico veterinario en la Universidad Nacional de La Plata, y que tan solo un par de años más tarde se consagraría como el primer Gobernador de la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, el Dr. Carlos Martín Torres.
Torres se habría asentado durante los setenta en la ciudad de Río Grande, y uno de sus compañeros de militancia y de vida, Adrián De Antueno, quien tuvo la gentileza de conversar con nosotros para compartir lo que fue el proceso de provincialización, se radicó también durante esos años en la ciudad de Ushuaia. Ellos junto a tantos otros vecinos y vecinas se comenzaron a reunir, en cada rincón de la Isla, dejando de lado toda distancia y separación terrenal que muchas veces se caracteriza en el Garibaldi, incluso desde una noción ancestral que separaba espacialmente a los Selk'nam de los Yaganes.
Aquel encuentro espacio-temporal entre ambos polos de la Isla Grande brindó la potencialidad necesaria para lograr gestar el gran proyecto fueguino que, por la propia condición geoestratégica de la región, se había vuelto imperante. Condición y situación que ya habían avizorado Martín Rodríguez y Luis Vernet en 1829, que continuó en la visión de Juan Manuel de Rosas y Pedro de Angelis hasta 1852, que llevó al establecimiento de Augusto Lasserre en Ushuaiaen 1884 y que podría haber culminado con la conversión de todos los territorios nacionales a provincias en 1955 de la mano del Presidente Juan Domingo Perón.
Sobre esto último decimos que podría porque, evidentemente, el Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur no se provincializa finalmente hasta 1990. Y el motivo principal que inspiró a este grupo de jóvenes, vecinos y militantes fue, precisamente, culminar la tarea que inició el General Juan Domingo Perón de terminar con todos los territorios nacionales que todavía quedaban en la República Argentina para la década del cincuenta.
Cabe decir, la Ley 1.532 o Ley Orgánica de los Territorios Federales de 1881 se enmarca en la doctrina de los territorios proveniente del derecho anglosajón y no en el derecho hispánico, el cual sostiene la base argumental del ejercicio de la soberanía nacional desde la aplicación del principio jurídico internacional del uti possidetis iuris(poseerás lo que has poseído) sobre todas las tierras heredadas del Virreinato del Río de la Plata.
En el año 1955, con la sanción de la Ley 14.408 se declaran provincias a todos los territorios nacionales que todavía existían para aquel entonces, convirtiendo en Provincia Patagonia a los territorios de Santa Cruz y Tierra del Fuego, incluyendo las Islas del Atlántico Sur y el sector antártico argentino. Pero en septiembre de ese año el Presidente Juan Domingo Perón fue derrocado mediante un golpe de estado que instaló en la presidencia de facto al dictador Pedro Eugenio Aramburu. Ya en 1957, y con grandes presiones de Gran Bretaña al Gobierno de facto en Argentina, se desprovincializa por decreto la Provincia Patagonia, desmembrando en dos partes, por lado la Provincia de Santa Cruz y por otro lado, generando nuevamente el Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
Entonces el desafío con el que se encontraron este grupo de compatriotas fue, no solo el de impulsar como proyecto la provincialización, sino también, el de instruirse desde todo punto de vista social, político e intelectual en los aspectos jurídicos e institucionales. Este fue el punto de partida de los encuentros, eso que se mantuvo entre el proyecto propiamente político y la voluntad militante de formarse para llevarlo adelante.
La gesta provincializadora que había comenzado en ese entonces encontró ciertos inconvenientes, claro, con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Es decir, momento en el cual toda actividad política, social y sindical queda prohibida por la dictadura cívico-militar. Sin embargo, aún en esa etapa oscura de nuestro país, el proyecto seguía en marcha y operando impetuosamente desde la clandestinidad.
Durante los años de la dictadura se mantuvo encendido el conflicto con Chile por las Islas del Canal Onashaga (Beagle)en 1978, y en el año 1982 se llega a la confrontación bélica con Gran Bretaña en lo que se denomina el Conflicto del Atlántico Sur, el cual se desarrolló principalmente en las Islas Malvinas. Estos acontecimientos lograron fortalecer el proceso de formación en el que el peronismo fueguino se había inmiscuido por cuenta propia. Luego del 14 de junio de 1982, el tiempo político y fundamentalmente electoral se aceleró vertiginosamente.
Con el regreso de la democracia a la Argentina y la habilitación de la actividad política y electoral, se incrementan las posibilidades de impulsar el proyecto de la provincialización. La ventaja que había tenido entonces el peronismo fueguino se encuentra en aquel germen de organización política que se fue transformando y engrandeciendo hasta que se volvió a permitir la actividad política en nuestro país.
A pesar de la formación exhaustiva y la organización con la que se estaba preparando un buen grupo de jóvenes, vecinos y militantes puertas adentro y hacia afuera del Partido Justicialista, nunca nada resulta tan fácil como se querría. Por supuesto que, en la reorganización del partido previo a las elecciones generales, en las definiciones en el armado político emergieron rispideces y acuerdos posteriores.
Con definiciones internas resueltas y con el proyecto de provincialización como bandera, se llega a las elecciones generales de 1983, las que fueron de gran particularidad puesto que, se había convocado para elegir en el Territorio Nacional a Intendentes, Concejales, y por primera vez, a Legisladores Territoriales. Es decir, por primera vez en la historia de nuestro país habría un Territorio Nacional con dualidad de representación: por un lado el Gobernador, quien era un delegado elegido por el Presidente de la Nación tal como lo establece el decreto 2191 de 1957, y los legisladores electos por el pueblo fueguino.
Si bien es cierto que la gesta de la provincialización comenzó varios años antes, se desarrolló fundamentalmente a partir de la presencia de representantes del pueblo fueguino en la Legislatura Territorial y en el Congreso de la Nación. Tuvo gran importancia desde el principio quien fuera entonces el Diputado de la Nación en representación del pueblo de la Tierra del Fuego, el Dr. Carlos Martín Torres. Ni bien se abrió la mesa de entrada en la Cámara de Diputados de la Nación, tanto los representantes de la bancada del peronismo, Martín Torres, como también de la bancada radical, Adolfo Sciurano, ingresaron los proyectos para provincializar Tierra del Fuego. La Legislatura Territorial, por su parte, envió al Congreso de la Nación y al Poder Ejecutivo Nacional una resolución solicitando la provincialización del Territorio Nacional y apoyando los proyectos presentados en la Cámara.
En marzo de 1984, Carlos Martín Torres a la cabeza del peronismo fueguino presentó el proyecto de provincialización denominado Provincia Grande, conformado entre meridianos y paralelos que contenían un gran territorio insular, continental y marítimo. Luego de un tiempo se solicita al Dr. Raúl Alfonsín que el Poder Ejecutivo Nacional envíe un proyecto propio de provincialización o que pusiera en movimiento lo presentado por los diputados fueguinos para el tratamiento en comisiones.
Así sucedió. El Poder Ejecutivo Nacional envió en 1985 un proyecto propio a la Cámara de Diputados de la Naciónpara provincializar el último Territorio Nacional, con un pequeño detalle, que es que el proyecto solamente incluía la Isla Grande de Tierra del Fuego y la Isla de los Estados, y el resto, es decir, las Islas del Atlántico Sur y Sector Antártico Argentino quedaban siendo, en principio, nada. La prensa tituló al proyecto del radicalismo como Provincia Chica.
Desde Tierra del Fuego se defendió siempre el proyecto de Provincia Grande impulsado por el peronismo fueguino con Martín Torres a la cabeza. Pero en el momento en el que ingresa al recinto el proyecto de la Provincia Chica, el radicalismo tenía mayoría en la Cámara de Diputados, y si bien es tratado entonces, tuvo un pasar desacertado y desafortunado dado que la Legislatura Territorial rechaza por unanimidad, con el voto de los legisladores radicales, el proyecto enviado por el Poder Ejecutivo Nacional.
Cabe decir, que no fue el propio radicalismo en su totalidad quien se volcó al objetivo de provincializar únicamente la Isla Grande de Tierra del Fuego. Más bien, fue la enorme presión británica que recayó sobre el Canciller Dante Caputo, quien no tuvo mejor idea que asesorar al Presidente Raúl Ricardo Alfonsín, lo que llevó al radicalismo a instar por la Provincia Chica.
Sin embargo, la voluntad inclaudicable de Carlos Martín Torres y la indómita tarea del peronismo fueguino de realizar la Provincia Grande, inició un proceso militante que los impulsó a recorrer el país entero en pos de concretar el proyecto que, desde hace años y desde los confines de la tierra, venían trabajando. La gesta de la provincialización, una gesta nacional llevada adelante por el justicialismo fueguino.
En 1989 el Dr. Carlos Saúl Menem resulta victorioso en las elecciones nacionales, obteniendo también mayoría en ambas Cámaras del Congreso de la Nación. Al poco tiempo, Carlos Martín Torres es designado como Gobernador del Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. A esta altura de la historia, el Presidente electo se había comprometido con el pueblo fueguino a concretar el proyecto de la Provincia Grande, una promesa que en parte cumplió.
Ya en el transcurso del año 1990, el Dr. Carlos Saúl Menem convocó a sesión extraordinaria en el Congreso de la Nación para tratar únicamente el proyecto de provincialización del peronismo fueguino, estableciendo como fecha para el tratamiento el día miércoles 25 de abril. La histórica sesión comenzó aquella tarde y terminó en la madrugada del 26 de abril, siendo demorada por la presión e intervención directa de Gran Bretaña en el proceso.
Carlos Martín Torres había sido invitado esa noche al recinto de sesiones del Congreso de la Nación, en calidad de Gobernador del Territorio Nacional y autor del proyecto al que se le daría tratamiento. Todo seguía un curso normal hasta que, de pronto, una inesperada llamada comienza a tensionar el ambiente. La Cancillería Argentina al mando de Domingo Felipe Cavallo habría intervenido para detener la sesión, cediendo a las presiones impuestas por la Corona Británica para evitar que se realice la Provincia Grande, operando en contra de la soberanía de la República Argentina desde, prácticamente, siempre.
Una reunión secreta a altas horas de la madrugada, de esas que quedan en los polvorientos sótanos de la historia, en las que muchas veces hemos sido entregados como Pueblo y como Nación. A cuarto cerrado y poca luz, se encuentran el Presidente de Bloque del Partido Justicialista José Luis Manzano, dos funcionarios de la Cancillería Argentinaenviados por Domingo Felipe Cavallo, y el impulsor del proyecto provincializador de la Provincia Grande, el Dr. Carlos Martín Torres.
En contra del propio Poder Ejecutivo Nacional, la pretensión de la Cancillería era que no se efectuara la provincialización y que se levantara la sesión en el Congreso. Entre el diálogo confuso y un injustificable espíritu cipayode los funcionarios de Cavallo, la decisión propuesta por Torres es llamar al Presidente de la Nación, el Dr. Carlos Saúl Menem, a quien se le explica la situación y delega la cuestión, en conversación con Manzano, a que sea el mismo Carlos Martín Torres quien decida que hacer. "¿Qué hacemos, Martín?", fue la pregunta de José Luis Manzano.
Ya en esta instancia de la historia me pregunto qué es lo pasa por la cabeza de una persona ante momentos tan vertiginosos y de tanta importancia, no solo para uno mismo, sino para un pueblo, para un país entero, para quienes han vivido, para quienes viven, y para quienes vivirán. A veces es solo con el paso del tiempo que es posible reconocer en nuestra historia un punto de inflexión, eso que constituye un quiebre en la forma en que vemos y sentimos el mundo en el que vivimos.
Gracias a Dios, y a la constelación que nutre a la tierra que da forma a la idiosincrasia de nuestro ser, en este suelo han nacido hombres y mujeres de una inquebrantable voluntad que han de honrar ese maravilloso don que es la Patria y esa inclaudicable tarea que es la Nación.
Por supuesto, la respuesta del Dr. Carlos Martín Torres fue contundente: "Lo hacemos. Volvemos al recinto. Hacemos la Provincia Grande."
Al día de hoy, ya han pasado 36 años de aquel momento, de la culminación de aquella gloriosa gesta provincializadora, de la realización del proyecto político fueguino. Es cierto que desde entonces, nada ha sido lo que se esperaba, lo que se quería o lo que se pretendía. Hemos tenido más vueltas y retrocesos que avances e idas. Pero también es verdad que para recuperar la brújula, para encaminar el rumbo, para jugar hacia adelante, es necesario mirar un poco hacia el pasado y recuperar nuestras raíces, y más aún, aquellas que se encuentran escondidas, aquellas que nos han ocultado de nosotros mismos.
En el mundo en el que actualmente vivimos, en el momento en el que actualmente vivimos, si existe aunque sea una mínima oportunidad de recuperar el rumbo, de volver a nuestras raíces, de poder recomenzar, vale la pena quizás, ir a buscar ese destino al fin del mundo, ese único lugar desde donde se puede ver la totalidad de nuestra historia.
"El amor venció al odio. La luz venció a las tinieblas. La verdad venció a la mentira. El perdón venció a la venganza. El mal no ha desaparecido de nuestra historia, permanecerá hasta el final, pero ya no tiene dominio, ya no tiene poder sobre quien acoge la gracia de este día.", escribió hace poco uno al que fueron a buscar al fin del mundo.











