
I.
Hoy la predicación que me expresa es como Cristo muere y resucita en nosotros.
Cristo crucificado en todos los crucificados de la tierra.
En los marginados y los golpeados, en los que son insultados y transgredidos.
A los que no se les hace justicia.
Él está presente en todos los que son bombardeados, maltratados, castigados, injustamente juzgados, perseguidos.
En los desaparecidos que no tuvieron juicio ni sepultura, en muertos de la guerra, en los desplazados, los refugiados y los inmigrantes. Como ese Cristo cuando Herodes lo buscaba para matarlo y tuvo que huir a Egipto.
Donde hay alguien que sufre, allí está Cristo sufriendo.
Nuestros sufrimientos no están separados de Él. No son dos realidades distintas, ni dos tiempos diferentes.
Todo lo que le pasa al hombre, le pasa a Él,
Porque haciéndose Hombre, Él se identificó con nosotros para siempre.
II.
¿Cómo se vive hoy la Pascua? En las nuevas estaciones del Vía Crucis.
Simbólicamente ya ocurrió esa larga agonía, pero tenemos que ver cómo continúa la crucifixión de Cristo en aquellos con quienes Él se identifica.
¿Cuál es el Cristo que nosotros queremos? ¿En qué Cristo creemos? ¿De qué Cristo hablamos hoy?
La Resurrección de Cristo no hay que buscarla en los museos, en las estatuas. Tampoco en los altares ni en los templos como escribió una poeta. Los pasos del Nazareno se buscan entre los hombres de carne y hueso. Hay que buscarlo en las calles, en las gentes sin techo, en los hospitales y en donde haya gente sufriendo.
III.
La Pascua es el fuego, la luz, la espera del amanecer.
Es el agua, la purificación, el renacimiento bautismal, que brotó sellando su muerte y unión.
Es el pan de la comunión, el encuentro y la fuente de vida eterna.
La Pascua es la Vigilia de un nuevo comienzo.
Es pasar de la muerte a la vida, de la humillación a la soberanía. Cuando parecía que todo estaba en la oscuridad, que todo se había terminado, surge el milagro desde la fé en Jesucristo. Ahí es donde siempre está la posibilidad de un nuevo comienzo.
Alfa y Omega, principio y final.
Así Cristo venció la muerte.
Y seguirá habiendo muertos, pero Él la venció; y eso nos anticipa que el triunfo final va a ser el de la Vida sobre la Muerte.
Amen











