
PATRIOTAS
Gran Bretaña invadió nuestras Islas Malvinas en el año 1833. Nuestro proceso de reclamo soberano está signado por la resistencia política (del Gaucho Rivero y los demás argentinos que habitaban las Islas) y tuvo etapas de avances y retrocesos diplomáticos, hechos de presencia directa (YPF, LADE) y la guerra de Malvinas del año 1982. Las Islas son un archipiélago, proyección submarina de la cordillera de Los Andes y continuidad patagónica en ultramar. La causa Malvinas es una causa nacional.
La gran mayoría de nosotros apoyó y apoya cualquier medio para recuperarlas.
El 2 de abril de 1982 la Argentina recuperó Malvinas. Participaron del conflicto 23.199 personas entre Ejército, Armada y Fuerza Aérea. De ellos, 11.595 fueron conscriptos y 593 personal civil. En el avión Hércules C-130 de la Fuerzas Armadas en el que viajaron los primeros combatientes iba el médico Capitán Luis Barusso, que inauguró la participación del personal de salud en el conflicto y a quién se sumó el resto del personal de sanidad conforme avanzó la guerra. El Ejército Argentino (EA) ordenó al personal del Hospital Militar de Comodoro Rivadavia trasladarse a Puerto Argentino. Sus integrantes se alojaron en un edificio sin estrenar y lo designaron como Hospital Militar Malvinas, luego rebautizado Hospital Militar Conjunto. Allí 90 trabajadores de la salud asistieron, consolaron y curaron a sus compañeros hasta el final del conflicto.
Médicos como Fernando Espinella y Juan Cucchiara, enfermeras como Alicia Reynoso, instrumentadoras quirúrgicas como Silvia Barrera (unas 90 mujeres en total) fueron parte de este despliegue que se complementa con espacios de asistencia marítima (como el quirófano montado en el Almirante Irizar), puestos descentralizados más chicos, asistencia aérea desde Buenos Aires y Comodoro Rivadavia para la provisión de donaciones de sangre e insumos médicos, etc.
Todo este trabajo denodado sirvió para que el número de muertos no fuese mayor y para traer esperanza a los soldados en medio de la guerra. Alguien los estaba cuidando y esperando en caso de ser heridos. Cuando se abre una herida, el cuerpo activa la cascada de coagulación, se acumula fibrina en los bordes de la solución de continuidad, se activan procesos inmunológicos y muchas otras acciones bioquímicas para cicatrizar y curar. Pero, ¿qué es lo que ocurre con las heridas de una Nación?
POSGUERRA y DESMALVINIZACIÓN
Fueron 349 los argentinos muertos en combate. Muchos de los que volvieron (casi la mitad conscriptos y civiles) no contaban con la obra social de las Fuerzas Armadas. El Estado Nacional no generó una política de integración y abordaje sanitario de esas personas, que fueron en buena parte olvidadas por el proceso de “desmalvinización” operado por el gobierno militar y por la mayoría de los gobiernos democráticos hasta la actualidad.
La “desmalvinización” de la posguerra incluyó entre otras cosas: silencio social y mediático sobre el conflicto, conversión de los soldados veteranos no en héroes y patriotas sino en “los pobres chicos de la guerra”, utilización de la derrota para reescribir la historia nacional con influencias británicas como desmerecer el reclamo soberano por la supuesta inexistencia de una nación argentina en 1833, detención de los reclamos diplomáticos, y pérdida de más territorio marítimo que antes del conflicto.
Aunque no existen datos finales, un número elevado de personas (entre 300 y 400, aunque algunas organizaciones elevan el número a 500) se suicidaron después de la guerra por el olvido, la soledad, la falta de reconocimiento y de abordaje del estrés post traumático que todo evento de estas dimensiones implica para sus protagonistas. Fueron muchos años de pelea de los ex combatientes, con avances parciales como la ley 23.109 de Reconocimiento Médico, las primeras pensiones, y el debate de la seguridad social vía PAMI.
Lo cierto es que diez años después de la guerra, el 85% de los veteranos no habían tenido control médico alguno y muchos presentaban serios problemas de acceso al trabajo, vivienda y derechos básicos. Se tardó unos veinte años en lograr el reconocimiento efectivo para la atención integral de los ex combatientes por parte del PAMI, pelea impulsada por la Federación de veteranos de la Guerra de Malvinas y otros espacios de ex combatientes.
MALVINIZACIÓN, DESPANDEMIZACIÓN Y SALUD
Decía Floreal Ferrara que la salud es la lucha por superar el conflicto. Sano es aquel que tiene fuerza vital para sobreponerse a la adversidad. Si vale en lo personal, puede valer para un pueblo. ¿Cuántas causas pueden unir más al pueblo argentino que la pelea por la soberanía argentina sobre Malvinas? Si tenemos una causa que nos une, podemos volverla destino común y que opere en nuestra unidad, en nuestra autoestima, y en definitiva en nuestra salud mental, física y espiritual como nación. Si es propósito de todos, puede ser remedio que cure el espíritu nacional.
Autoestima no es soberbia ni vanidad. Es sentirse valioso para intentar o por saber hacer algo bien dentro de un conjunto. Es comodidad con nuestros propios rasgos, afecto por lo que nos define. Es sentir que sí podemos. Nos someten a una guerra de zapa permanente contra la argentinidad. ¿Qué cosas le dan hoy autoestima al pueblo argentino? ¿Para qué nos sentimos valiosos? ¿Qué creemos que hacemos, que hacíamos y que podemos hacer bien? Sin autoestima, incluso lo que hacés bien se te vuelve en contra.
Argentina tuvo un buen abordaje sanitario de la pandemia por Covid-19. Con el diario del lunes, quizá con excesos en el aislamiento o con insuficientes políticas educativas que lo acompañen. Capaz también con problemas de comunicación. Pero los trabajadores de la salud salvaron vidas, el pueblo se cuidó muy bien a sí mismo, la gestión de las vacunas e insumos fue correcta según nuestras posibilidades. Los indicadores sanitarios fueron muy buenos y Argentina se encuentra entre los países más exitosos del mundo en lo concerniente a muertes evitadas, al poco impacto que tuvo la pandemia en la expectativa de vida de la población, y a la equidad en el impacto sanitario sin distinción de clase social.
Sin embargo, después del esfuerzo los trabajadores de la salud percibimos una avalancha sistemática y organizada de destrucción simbólica y material de todo lo hecho en medio de la tempestad. De los aplausos al hostigamiento. De la gloria, a la nada. Del heroísmo al olvido. Los trabajadores de la salud fuimos testigos e incluso acusados de los ataques: no se puede hablar de lo que pasó ni de lo que hicimos. Desde esta óptica el conjunto de los argentinos (que cumplieron aislamiento, que perdieron años de vida, que no pudieron velar familiares, etc) sentimos que el esfuerzo no valió para nada.
La agenda política fue tomada por una minoría intensa que sobre medias verdades montó un relato terraplanista (en palabras de Milei, la plandemia) que en parte se volvió moda y abrió un proceso que podríamos nombrar como de “despandemización”: ni la política, ni los laburantes, ni los que padecen pueden hablar de lo que nos pasó, ni de lo que hicimos, porque fue mal hecho.
Aislados, enfrentados, sobre-estimulados. Así llegamos al 2020. Quisimos “salir mejores” y terminamos más rotos. La pospandemia aceleró las tendencias preexistentes. Ahora mismo 3 de cada 10 argentinos tiene ansiedad o depresión; se duplicaron las internaciones por salud mental en hospitales públicos; se registra un aumento de 25% en la tasa de suicidio sobre todo en jóvenes de entre 15 y 29 años. En un puñado de años aumentó en un 111% el consumo de psicofármacos en el país.
La pelea de los héroes de la guerra de Malvinas nos da una pista para abordar la situación. Los veteranos de guerra se organizaron en todo el país. Los de Río Grande, el distrito en tierra firme más cercano a Malvinas, comenzaron a reunirse solos, alrededor de una tacho de nafta, para recordar a sus compañeros caídos. Hoy reúnen a miles de todo el país en la vigilia del 1 de Abril. No abandonaron su pelea a pesar de los suicidios de sus compañeros y amigos y del olvido. La argentina se está malvinizando otra vez gracias a toda esta resistencia estoica. Hay una pista esperanzadora en juntarse por una causa común.
La salud también nos une. La mayoría de los argentinos piensa que si un nene sufre, una embarazada necesita ayuda en su parto o un anciano precisa un medicamento, lo tiene que tener aunque no pueda pagarlo. Quizá no haya acuerdo en quién tiene que costear eso, o en las formas de organizarlo. Pero sí existe un acuerdo humanista y mayoritario en que lo correcto es ayudar.
El buque Almirante Irizar tenía montado un quirófano para asistir heridos en altamar. Cuenta Silvia Barrera, una de las instrumentadoras quirúrgicas del equipo, que tenían que atarse ellas, las enfermeras, el cirujano y el herido para moverse todos juntos con el oleaje y poder terminar la cirugía. Se ataban entre sí con gasas, improvisando una red. Argentina es un barco en altamar en medio de una tormenta y que no sabe a dónde va. Los argentinos estamos como ese quirófano improvisado, a los tumbos y cada uno por su lado.
Malvinas, la salud del pueblo, la buena educación, el fútbol. No siempre es necesaria una superestructura para emprender una gesta. El heroísmo, la comunidad, arranca en lo más sencillo: las cosas que nos encuentran. Unirnos con lo que tengamos a mano, capaz sin saber todavía para donde caminar. Al menos para estar juntos en la tormenta.
Hasta que aclare.











